CAMAGÜEY.- ¿Qué hace falta para hacer un grabado? Una superficie sobre la que dibujar, tinta, papel y, si se piensa en los métodos tradicionales, una prensa. Pero Isnel Plana Pérez propone otra respuesta desde Sibanicú: a veces basta una cuchara.
El artista y geólogo ha desarrollado allí el taller Grabados en casa, una experiencia pensada para acercar las posibilidades del grabado a personas que no disponen de equipamiento especializado. En su propuesta caben el PVC, la monotipia y hasta materiales que normalmente terminarían en la basura.

La primera versión del taller se realizó en julio y tuvo como soporte el interior metálico de los envases de Tetrapak —las cajas de jugos, leche o ron—, aprovechando tanto el metal como el aislante que llevan incorporado. Sobre esa superficie se puede trabajar y después imprimir manualmente, ejerciendo presión con una cuchara.
La experiencia más reciente incorpora el grabado sobre PVC y la monotipia sobre la propia paleta de pintura, recursos que mantienen el principio fundamental de la propuesta: buscar procedimientos sencillos, reproducibles en casa y que no dependan de una prensa para comenzar a experimentar con la gráfica.
La idea parece sencilla, pero detrás hay una concepción del arte que acompaña desde hace años a Plana. Su formación como ingeniero geólogo le enseñó a observar la materia, las capas, las texturas y las huellas. También a trabajar con mapas y diagramas, herramientas que luego trasladó a su lenguaje plástico. En su obra, como conversábamos recientemente, la ciencia no desaparece cuando llega el arte: cambia de forma.

Grabados en casa tiene algo de aquella misma mirada. El artista vuelve a preguntarse qué puede encontrarse en un material aparentemente ordinario cuando se lo observa de otra manera. Una caja de leche deja de ser un envase; una paleta puede convertirse en matriz; una cuchara, en ausencia de prensa, asume por un momento la función de herramienta de impresión.
El taller parte así de una premisa especialmente necesaria en tiempos de escasez: la falta de recursos no tiene por qué significar la ausencia de experimentación. Se trata de recuperar procedimientos, probar, equivocarse y descubrir qué posibilidades ofrece aquello que está al alcance de la mano.
Para Plana, que ha desarrollado buena parte de su trayectoria desde Sibanicú, ese vínculo con el territorio tampoco resulta casual. Allí continúa su creación artística mientras trabaja en la Dirección Municipal de Cultura, atendiendo programas y artistas locales. En su obra más reciente, Efecto Mariposa, premiada en el Salón Fidelio Ponce 2025 por el proyecto curatorial, la naturaleza, los mapas y la memoria se entrelazan para proponer otra manera de mirar la relación del ser humano con la Tierra.
Ahora, desde un taller pequeño y aparentemente doméstico, vuelve a colocar la mirada sobre la materia. Solo que esta vez no se trata de cartografiar el planeta ni de intervenir mapas antiguos. Se trata de enseñar que también una superficie humilde puede convertirse en territorio para crear.
Y que, cuando no hay prensa, quizás una cuchara sea suficiente para empezar.
