El mundo conoció con esperanza, a inicios de la década de 1980, el uso clínico del interferón, una proteína producida por el sistema inmunitario contra agentes patógenos, como virus y células cancerígenas, obtenido en unos pocos centros científicos de EE.UU. y Europa, aunque su importancia no pasó inadvertida en Cuba, donde contó con un formidable aliado y promotor: el líder cubano Fidel Castro.