Guáimaro, Camagüey.- Desde siempre, Guáimaro ha latido en torno al camino. Primero, cuando las carretas y jinetes seguían la ruta del Camino Real; más tarde, al ritmo acelerado de los vehículos a motor que un día cambiaron para siempre el bucólico ambiente de la población.

Incluso hoy, buena parte de la vida gira en torno a la Carretera Central. Aunque no hay estadísticas absolutas, miles de personas transitan cada día por el municipio, tanto hacia territorios cercanos como en viajes de alcance nacional.

Su paso constituye una de las fuentes de ingreso más promisorias para la economía local, a semejanza de como hoy ocurre en Jatibonico, Taguasco y otros puntos de la región central del país que se benefician ampliamente con las ventas y servicios a la población que lo utiliza como vía de paso.

"Es un efecto que se ve a todos los niveles", asegura Yuleisy Díaz Sánchez, directora de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria en el municipio. "Tenemos inscriptos 68 contribuyentes que operan cafeterías y puntos fijos para la elaboración y venta de alimentos, y la gran mayoría se ubica en las cercanías de la carretera. Lo mismo sucede con los paladares, en mayor o menor medida los tres se benefician con los viajeros".

"Es que este es un municipio pequeño, donde la población no es tan grande ni tiene mucho poder adquisitivo", agrega Mario Acosta Parra, subdirector de la ONAT. "Cuando usted se aleja de las rutas de tránsito nacional lo nota enseguida. Por ejemplo, en Cascorro los únicos cuentapropistas de ramas como de las que hablamos son los que laboran en la vía central, los otros no lograron mantenerse".

No se trata de un fenómeno nuevo ni exclusivo del sector privado. Desde siempre, la economía guaimareña se favoreció con su posición geográfica, a las puertas de la extensa y poblada región oriental. La propia fundación del poblado, a finales del siglo XVIII, obedeció a la necesidad de una escala entre Puerto Príncipe y Las Tunas, para las personas que recorrían el entonces Camino Real de la isla de Cuba.

De un hotel, proyectos y posibilidades

A diario, Rebeca Andino Nieves ve cómo pasan por su puerta los recursos que pudieran salvar el hotel en el que ha echado la mayor parte de su vida. "Con una pequeña inversión este sería el centro recreativo más importante de Guáimaro y de los municipios cercanos", considera.

La avala su experiencia de 37 años en el Hotel Guáimaro, desde que abriera en noviembre de 1976. "Hubo momentos en que la demanda era tan grande que teníamos que destinar el servicio a los huéspedes y a un número limitado de visitantes. Nuestro restaurante era famoso en todo el país. Hoy llega gente que lo conoció en aquella época y se asombra de lo deteriorado que está, y se sorprende más porque estamos en una parte de la carretera en la que hay pocas ofertas, es decir, que la clientela estaría asegurada".

Se trata de un criterio que comparten Anael Castro Céspedes, administrador del centro hotelero, y Manuel Madrigal Torres, vicepresidente del Consejo de la Administración Municipal a cargo de la esfera económica.

"Es un mercado casi sin explotar", resalta el primero. "Trabajando a plena capacidad, el hotel beneficiaría a municipios vecinos que no cuentan con condiciones adecuadas de alojamiento, a los propios habitantes del poblado cabecera y a cientos de clientes que en la actualidad dependen de las propuestas que se concentran en Las Tunas y Camagüey".

"Esas son las premisas en las que se apoya el proyecto de iniciativa local que preparamos, con el objetivo de obtener el financiamiento para recuperar la instalación e insertarla en la nueva realidad económica que vive el país", expone por su parte Madrigal Torres.

La inversión ascendería a cerca de 1.6 millones, en ambas monedas, e incluiría el rescate integral de las tres áreas que conforman el hotel: edificios de servicios generales, de habitaciones y la piscina; también se cambiaría la entrada para favorecer el acceso de grandes ómnibus y equipos de carga. Una segunda vertiente del proyecto incorporaría a artesanos y otras actividades culturales, pues, según resalta Anael Castro, la meta es trascender los límites del hotel.

"Si bien falta la aprobación del Consejo de la Administración Provincial y la incorporación al presupuesto del 2015, los estudios de factibilidad no dejan margen para las dudas: en cuatro años se pudieran recuperar los recursos invertidos y contribuir al rescate del cercano complejo recreativo Las Colinas, que desde hace años funciona muy por debajo de sus capacidades", apunta.

Desarrollo con nombre propio

En Guáimaro, los empeños por el desarrollo local se extienden también a la Feria Ganadera, que ya recibió cerca de 5 000 CUC del Centro de Intercambio y Referencia-Iniciativa Comunitaria (CIERIC). Su destino será la adquisición de nuevos equipos de audio y juegos de luces. "Otro proyecto con la misma institución pretende dotar al rodeo de su techo. En general, nuestra meta es recuperar la feria y volver a convertirla en el emblemático centro sociocultural que siempre fue", explica Manuel Madrigal.

Entre las perspectivas estaría un espacio para cuentapropistas, pues justo enfrente se ubica la concurrida terminal intermunicipal, y el rescate de las competencias y exposiciones nacionales, aprovechando la cercanía de importantes zonas ganaderas de la provincia y otras áreas del país.

Pero no todo son buenas noticias en el extremo oriente camagüeyano. Todavía se hace muy poco para aprovechar oportunidades tan promisorias como las que abriría el turismo, que en la demarcación cuenta con atractivos diversos, que van desde los espacios naturales hasta los recorridos históricos y por centros de producción como la añeja cantera de Palo Seco.

Tampoco están claros los derroteros de la fábrica de cremitas de Cascorro, que se enfrenta a su cierre debido a los cambios en la política para el suministro de las materias primas con que se elabora ese alimento, símbolo de la identidad guaimareña, incluso más allá de nuestras fronteras.

Para esos y otros problemas, las soluciones corren de la mano de las iniciativas de desarrollo local, una opción en la que Camagüey ha quedado muy por detrás de otros territorios.

"Pero no puede ser así. Los tiempos ya no son de esperar a que 'bajen' los recursos; hay que salir a gestionarlos, a proponer nuestros servicios y producciones", afirma el doctor Ricardo Carmona Hernández, integrante del Departamento de Desarrollo Local en la sede universitaria de Guáimaro. La experiencia de otras regiones demuestra que allí están los nuevos caminos hacia la prosperidad. La clave está en no seguir dejando pasar las oportunidades... por la carretera.

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