Los tradicionales y merecidos aplausos reconocieron, junto a las medallas de oro, plata y bronce los mejores desempeños, como el de grupos emblemáticos como Maraguán y el sonoro Vocación, la artista de la plástica Yaimé Herrera Pavón, todos de la Universidad de Camagüey Ignacio Agramonte y el del teatro infantil Olga Alonso, de la Universidad de Ciencias Médicas, todos Grandes Premios en sus respectivas categorías.
Pretendió la dirección de la organización que el festival fuera "una fiesta para el pueblo", como dijo en conferencia de prensa víspera del acontecimiento, Reinier Rodríguez Pavón, máximo dirigente estudiantil aquí. Pero muy lejos estuvo de serlo y así lo evidenció el discreto público, incluso universitario, que acudió al más importante evento de los artistas de la FEU en tierras camagüeyanas.
Tal vez la falta de divulgación institucional, la inestabilidad hasta última hora de las instalaciones de competencia, el cambio de las mismas, la cuestionable calidad de alguno de los números presentados, y la falta de identificación de los propios estudiantes, le restaron calidad a la competición.
El movimiento de noveles artistas, reconocido en el país como el de mayor nivel y calidad, al parecer en Camagüey no anda muy bien de salud, aunque no se comporta de igual manera en todos los lugares. No me refiero a los ya establecidos, sino a ese "movimiento" cultural, que debe existir en las universidades todo el año, y que cuando así no ocurre deja sus vestigios nefastos en competiciones como la que acaba de concluir.
LENTES INDIVIDUALES
Laura Obregón Betancourt, estudiante de la Universidad Pedagógica y bailarina de Alma Flamenca comentó: " Yo me inicié en el baile desde hace 10 años. Al entrar aquí encontré todas las condiciones necesarias para seguir haciendo lo que me gusta. En la escuela tenemos salones para los ensayos y todas las condiciones necesarios. Estamos muy contentos porque la institución nos mandó a hacer los zapatos y vestuarios".
El quehacer aficionado en esa casa de altos estudios no parece encontrar obstáculos, así lo ratificó Dagoberto García, líder estudiantil del mismo: "Todas las semanas los muchachos tienen espacios donde prepararse y actuar, además se presentan en las comunidades, en actos políticos y en el proyecto de impacto social que tenemos en el asentamiento Los Coquitos".
Nos cuenta la futura doctora y cantante, Evelin Peña Pérez que con frecuencia también ensayan los aficionados de las Ciencias Médicas: "Participamos en varias actividades en el centro, pero no tenemos un espacio fijo para presentarnos. Nos preocupa que los instrumentos que existen están en muy malas condiciones y el arte es importante, nos ayuda a desconectar de las rutinas docentes y nos instruye".
Para Ariel Castellano, de esa misma academia y aficionado a la Literatura, la mayor insatisfacción está en que no tienen una revista o sitio, en ningún soporte, que les permita dar a conocer sus obras.
Muchas insatisfacciones, muchísimas se puede decir, tienen los aficionados de la primera universidad creada por la Revolución. Daisel Pimentel Martínez, estudiante de Historia y Premio Nacional en el Festival Nacional del 2010 refiere que: "El movimiento literario en la UC está actualmente muy deprimido".
Así lo corrobora Yanier Rodríguez Domenech, de Ingeniería Civil y pianista. "No hay dudas de que hay muchas potencialidades, las que no siempre encuentran un espacio u oportunidades de desarrollarse. Existe un local para los ensayos pero sin audio, ni instrumentos, ni nada, ¿así de qué sirve? Hay material humano para formar el propio grupo musical de la escuela, pero no se puede hacer música sin instrumentos".
Ese es además uno de los reclamos de Yordan Bango Porro, Presidente en ese centro, quien no entiende como son inexistentes los mecanismos para que el Ministerio de Educación Superior pueda comprarle a Cultura los instrumentos musicales que se necesitan.
Yeni Adán Castellanos, historiadora y cantante calza el diálogo: "Todo el respaldo institucional es para grupos establecidos como Maraguán, y lo que va surgiendo no se prioriza. O te incorporas a lo que ya está o no haces nada en materia de música y danza".
Esa realidad también le preocupa a Lili Beatriz Valdez Rosales, recién graduada de Derecho: "Pienso que el movimiento en Camagüey es débil. Es verdad que hay buenos talentos pero la gente no los conoce. Los muchachos solo se preparan para los festivales de facultades y de universidad, pero después no pasa nada más. Siento que la FEU tiene que concentrarse menos en reuniones y más en la atención a sus movimientos.
De la facultad de Cultura Física supimos muy poco, porque pobre fue su participación en el certamen, aunque su instructora de arte Irma Sariol Mantecón, insiste: "En la facultad sí hay movimiento de aficionados, lo que con sus propias características. Es difícil entender que podamos pagar 10 mil pesos para que actúe un grupo musical y que ese mismo dinero no se pueda utilizar para otros recursos que necesitamos".
Aunque algunos pasos se han dado este año en el funcionamiento del Movimiento de Artistas Aficionados de la FEU por estos lares, con su incorporación al proyecto extensionista "Tiempo Joven" y los discretos acercamientos a la Asociación Hermanos Saíz, le quedan grandes y muchos retos por delante para que el arte universitario siga siendo de la vanguardia de la cultura camagüeyana.
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