En tiempo récord fueron levantándose las diferentes obras. Una multitud miraba entusiasmada la enorme rastra que remolcaba la locomotora, o veía cómo una grúa Kato colocaba en su sitio cada parte del avión. Finalmente, el sábado 8 de febrero abría sus puertas El Lago de los Sueños.
Cafeterías, restaurantes especializados, pizzería, sandwicheras, parrilladas y cremería, constituyen algunas de las opciones para los visitantes. No obstante, el parque abarca mucho más, en sus inmediaciones también cuenta con una pista bailable, áreas deportivas, venta de artesanías, una casa de tapado y muy próximamente un local para vender mascotas.
Sin dudas, este es un lugar que dota a Camagüey de un respiro en cuanto a recreación y gastronomía se refiere. La enorme afluencia de público desde su apertura ratificó la feliz concreción de la idea, que a pesar de haber sido un éxito inmediato no debe descuidarse ni por un momento.
Grietas en el malecón
No pocos han comparado "El Lago..." con la conocida "Turbina", de Ciego de Ávila; y no dejan de tener razón. Incluso el punto en común más evidente puede hallarse en el malecón, algo que muchos camagüeyanos agradecen por constituir la ciudad natal de Agramonte una de las más mediterráneas de Cuba.
Por eso, solamente el día de su inauguración, el complejo acogió a más de 17 000 visitantes. Durante esas primeras semanas los curiosos no bajaban de al menos 10 000 diarios, pero dos meses después la cifra comenzó a disminuir considerablemente hasta que el promedio actual es de 600 a 1 000 personas por día, según explicó Armando Gallo Nápoles, subdirector de la Empresa Municipal de Gastronomía.
Esto incide directamente en los ingresos de la parte gastronómica. De un promedio de casi un millón 500 000 pesos recaudados en los tres primeros meses, en el de mayo las ganancias cayeron en más de 400 000 pesos.
Asimismo, de más de siete millones 200 000 pesos que era el plan total de recaudación hasta mayo, solo pudieron concretarse poco más de 5 millones 500 000, de acuerdo con los números de Yuslaidy Ramos Legrá, jefa del departamento de economía de la Unidad Empresarial Básica de Gastronomía del distrito Julio Antonio Mella.
Estas cifras ponen una bombilla roja sobre la cabeza de los encargados de darle vida a la instalación y hacer que la costosa inversión ofrezca las utilidades pertinentes. Múltiples pudieran ser las causas de esta situación, pero varios trabajadores coinciden en que es algo normal. "Al principio todos tenían furor por lo nuevo, pero ya que lo conocen les cuesta venir, porque está un poco lejos", argumenta Dianelis Rodríguez Rivero, una de las camareras del restaurante La Punta.
Sin embargo, también tiene que ver la calidad de los servicios, que se ha cuestionado en más de una ocasión en el popular programa radial Meridiano, por solo citar un ejemplo. La elaboración de la comida en algunos establecimientos, la calidad del helado en la Cremería 1514 que no se ajusta con los elevados precios que cobran, o el trato a los clientes por algunos dependientes, cuentan entre los planteamientos más reiterados por la población.
Al respecto, Gallo Nápoles aclaró que "la mayoría de los problemas son de orden subjetivo, del mismo personal. Vienen por la inexperiencia de algunos trabajadores y por la falta de profesionalidad de los administradores. La mayoría son muchachos recién graduados, que no están acostumbrados a enfrentarse a un público, pero hemos traído especialistas en gastronomía para que les vayan enseñando".
Y es cierto que el servicio ha mejorado, al menos así pudo constatar este reportero en varias visitas realizadas en días recientes y luego de indagar con casi medio centenar de transeúntes escogidos al azar.
¿El hombre piensa como vive?
Cuando el parque abrió contaba con 314 trabajadores en su plantilla, de acuerdo con los datos ofrecidos por Roberto Carlos Suárez Álvarez, jefe de Recursos Humanos en la Unidad Básica de Gastronomía del distrito Julio Antonio Mella, debido a las pérdidas económicas que comenzaron a generarse, en abril se inició un proceso de reducción de personal que dejó solo a 216 empleados, un número aún bastante significativo.
Ellos trabajan en turnos de dos días, para luego descansar dos; la entrada debe realizarse antes del horario general de apertura a las 10:00 a.m. y la salida después de las 12 p.m. Sin embargo, llama la atención el salario que ganan, el cual no llega a los 300 pesos y oscila de acuerdo con el puesto que ocupen.
Por si fuera poco, la transportación es otro de los problemas que deben afrontar los trabajadores. Es cierto que para salir del parque hay una ruta de ómnibus, cuyo último recorrido se realiza a las 2:00 a.m., pero solo llega hasta la barriada de Froilán Quirós. En este sentido parece que tampoco se avizoran soluciones. De esa manera lo deja claro Suárez Álvarez cuando expone que "siempre se les dijo que la transportación que habría era la ruta 14, por eso se dio prioridad en la contratación a residentes de zonas cercanas". No obstante, resulta un poco contradictorio que, según el mismo compañero, de la cifra total de empleados actuales solo el 25 % radica en el reparto Julio A. Mella.
Ninguno de estos inconvenientes puede justificar una conducta impropia por parte de los encargados de atender al público. El sentido de la ética y el buen servicio deben primar en cada cual.
Un segundo aire
A pesar de los problemas antes señalados, este espacio aún persiste como el ideal para la familia camagüeyana. Así lo ratifican las miles de personas que eligen ese destino para "despejar" durante un fin de semana, los que prefieren llevar a pasear a la novia, o aquellos que deciden compartir un rato agradable con los amigos.
Durante el verano la instalación funcionará los siete días de la semana, por lo que se han retocado algunos detalles constructivos y alistado todas las unidades para que el visitante pueda disfrutar un complejo a la altura de sus expectativas. Solo esperemos que las "pesadillas" encontradas hasta ahora desparezcan de una vez y por siempre, para que este pueda convertirse finalmente en un verdadero lago de los sueños.
