"Mi mayor orgullo es que pasados los años exalumnos ya adultos me saludan en la calle: 'profe..., bibliotecaria...' ¿Qué otro premio puede ser mejor que te recuerden con cariño?

No tengo mejor resultado que el de despertar en los niños el amor por la lectura y que se interesen en venir espontáneamente a la biblioteca", dice esta mujer y la sinceridad se le antepone a la modestia, que casi no la deja contarme sobre sus reconocimientos en el municipio cabecera y la provincia durante los 19 calendarios consagrados a las lecciones tempranas para "los que saben querer", como expresó José Martí.

Fulgores

A Clara el Apóstol le ha servido de inspiración en la ardua tarea de insuflarle luz a las chispeantes mentes de los niños. "Martí es especial para despertarle a los niños el gusto por los libros. Por eso se me ocurrió vincularlo de cierta manera con otra pasión muy común, la pelota. Aquí hay un medio de enseñanza en forma de pelotero que tiene unas casillas, en ellas puse preguntas sobre áreas no tan conocidas de la vida y obra del Héroe Nacional para competir y las actividades gustaron muchísimo", añadió de inmediato que el amor por la impronta martiana se la legó su padre, Segundo Cruz Legrá, a quien preció en presentarme como el primer adulto mayor Máster en Cultura Latinoamericana.

Si el apego al cubano genial fue un donativo preciado, fue mayor la huella materna: "Mi madre fue quien me motivó a ser bibliotecaria. Estudié dos años en la antigua Formadora de Maestros y desde entonces no me imagino otra manera de vivir que no sea esta".

Luego de un periplo que incluyó una secundaria básica en Najasa y cinco escuelas primarias en Camagüey, incluida su actual escuela, hace tres cursos que Clara volvió a la "Tasende". Allí estudia su hija, que también le ha enseñado a esta mujer la valía de su profesión. "Mi niña tiene dificultades en el aprendizaje, y creo que la narración de cuentos, la descripción de láminas y, sobre todo, la perseverancia que da este trabajo me han servido de mucho para ayudarla. Al punto que ella dice que quiere ser maestra o bibliotecaria".

Contra penumbras

"A una bibliotecaria no le puede faltar el amor por los libros" sentenció ante el periodista en busca de las fórmulas para hacer arte semana tras semana ante unos 200 niños de cuarto y quinto grados bajo su tutela. Enseguida, para explicar con creces llegó la anécdota: "En la 'Pepito Tey', donde también di clases como maestra en un grupo de quinto grado tuve unos mellizos 'biyayas' que no les gustaban para nada los libros, pero eran muy ocurrentes, por eso ideé un concurso de refranes y no se resistieron.

No leyeron más revistas Bohemia y Mujeres porque no pudieron. Al final ganaron y entre los docentes le compramos una paloma para cada uno, porque eran amantes de esas aves. Ese fue el comienzo de otra etapa de sus vidas, porque después empezaron a aplicarse al punto de que uno de los trabajos de Historia sobre la esclavitud aún lo uso en el registro de información".

Su preferencia por los más pequeños, que le lleva a cambiar de voces y mascotas en sus clases, no impide que esta bibliotecaria, que se siente maestra, endulce a los de grados mayores. "La pasión por leer no nace con una simple actividad, hay que innovar, y más en esta época donde el libro compite con el televisor y la computadora.

Pero la victoria es posible, lo demuestran nuestros ganadores del concurso Leer a Martí, nuestros miembros del círculo de interés de bibliotecología y los del filatélico, donde a través de los sellos los niños se animan a investigar. Y la ayuda siempre llega, porque a mí me auxilia además de mi padre, filatelista por más de 40 años, el grupo filatélico Ignacio Agramonte".

La creatividad a favor de la lectura como fuente formadora de valores la inspiró en años tan difíciles como 1995 y 1996, cuando trabajó en la primaria Marta Abreu. "Los niños tenían como pasatiempo coleccionar estuches de caramelos, chicles, jabones... todo de las ventas en divisas. Lo malo era que hasta comerciaban. Se me ocurrió hacer una exposición de sellos, postales y caracoles. Durante una semana los niños llevaron sus colecciones a los turnos de biblioteca, donde aproveché para hablarles sobre las variantes de este hobby. De allí hice un concurso de postales, que ganaba quien mayor cantidad coleccionara. Entre todos cambiamos el sentido mercantilista de aquella moda".

El agradecimiento por el vínculo de su familia con su crecimiento individual, Clara lo refleja de una manera original. "Para cada Feria del Libro le preparamos (se refiere a las otras dos bibliotecarias de la "Tasende", una de ellas ex alumna de Clara) a los padres unas cartas de sugerencia con los libros que consideramos útiles. Nuestra relación con la familia es fuerte, no solo para evitar pérdida de libros, por ejemplo, una madre me hizo boletas de préstamos porque creé una especie de carnet: Mejor lector espontáneo. Así controlamos mejor la prestación de nuestros servicios".

Que amen la lectura y la buena plática son los consejos de esta mujer para sus colegas y para los interesados en su profesión. "Los 500 pesos mensuales no compensan el esfuerzo, porque en primaria no nos pagan la doble sección; en la biblioteca no tengo luz eléctrica; hay fallos con la entrega de la revista Bohemia y de libros de cuento... A pesar de todo me siento realizada porque este es el trabajo que me gusta.

Aquí me retiro", y la convicción de su voz lo dice todo: ante la falta de iluminación Clara dispone su luz, consciente de que esa lumbre del espíritu es la imprescindible en su biblioteca, porque solo esa luz invita al crecimiento vital que llega con la lectura.

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