Hoy, con 20 años de experiencia autodidacta en la pintura, ha recibido como premio a su obra la beca nacional de creación Ana Rosa Gutiérrez, otorgada por primera vez a un camagüeyano por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas.

Aunque a veces los caminos del destino son inciertos, la cosa es que Luis encontró su otra pasión, enseñar, y por esta logró encaminarse hacia el arte.

- Siendo maestro, ¿cómo se inicia en el mundo de las artes plásticas?

- Hubiera deseado desde pequeño estudiar la plástica, pero no lo logré porque no alcancé en ese entonces un nivel de escolaridad apropiado. Me gradué en la Universidad Pedagógica “José Martí”, pero ya desde antes trabajaba vinculado a la educación. Entonces, en mis primeros días como auxiliar de producción en un centro educacional, estaban casualmente pintando un comedor y me brindé para decorarlo. El compañero que atendía la educación artística en el lugar descubrió que tenía talento y me propuso como jefe de esa sección. Así comenzó mi carrera de aficionado.

“En el arte naif comienzo a trabajar en el año 2000, a raíz de mi participación en una feria de arte popular. Martha Jiménez y Nazario Salazar eran jurados del evento y descubren que, aunque yo hacía un arte naturalista, por el colorido y picardía de mis obras podía dedicarme más al naif que a otra corriente.”

-¿Y cómo llega a fundar el proyecto socio-cultural “Isabel de las Mercedes”?

-En el 2007, durante los preparativos en Camagüey por la sede del 26 de Julio, mandan de La Habana 6 ómnibus para el transporte urbano, de esos llamados camellos . Estaban en muy mal estado, había que repararlos para ponerlos en circulación dentro de la ciudad. Entonces, el Consejo Provincia de las Casas de Cultura nos convoca a otros 3 artistas y a mí a participar en las labores de decoración. Estuvimos 9 días en los talleres de Cervimex, pero al no ser artistas acreditados, fuimos los únicos que no cobramos nada por el trabajo. En ese momento el Fondo de Bienes Culturales no encontró ninguna vía para el pago, y sin embargo lo hicimos con mucho gusto y amor. Actualmente el único camello que está todavía circulando es el pintado por nosotros.

En ese mismo taller de Cervimex, a raíz de la experiencia, sostuvimos una reunión y yo les propuse a mis colegas crear un grupo con el nombre de la pintora camagüeyana Isabel de las Mercedes, quien también cultivó el arte naif desde lo autodidacta.

Con el tiempo fuimos creciendo, nos convertimos en proyecto socio-cultural, comenzamos a realizar donaciones a centros hospitalarios, murales en espacios públicos, actividades caracterizadas y nuestro evento anual, el salón provincial Isabel de las Mercedes, donde participan creadores de arte naif no solo de Camagüey sino también de otros lugares de Cuba.

-Muchas personas piensan que el arte naif no tiene ninguna complejidad,¿qué opina al respecto?

-El arte naif requiere de cierta ingenuidad y picardía que vienen implícitas con la persona; el artista debe considerar e imaginar más allá de las situaciones que ve, no puede encerrarse en cánones académicos. Ser un artista naif o primitivo no significa que se viva en una caverna. Muchos pintores reconocidos en el país y el mundo se dedicaron a esta técnica, como Alicia Leal y Pablo Picasso. Hay quien te mira y dice: “Este es un artista naif, no tiene importancia”; y eso no es así. Es cierto que la gran mayoría de nosotros no tenemos formación profesional, sino que nos nace el amor de llevar el imaginario de los niños a la pintura; pero eso no significa que lo que hacemos esté divorciado de una serie de elementos académicos y técnicos.

-¿Extraña el magisterio?

-Sí. No es que me sienta mal pintando, porque cuando lo hago me transformó en otra persona, olvido mis problemas. El arte es un refugio para mí. Pero a pesar de todo esto, siempre adoré dar clases.

Cuando se abrió la Escuela de Instructores de Arte, acogí por mi cuenta a dos grupos de seis o siete estudiantes, a los cuales repasaba en mi casa, no por remuneración económica, sino porque me gustaba enseñarles. Mi mujer decía que estaba loco. Después repasé a otro grupito de la carrera Estudios Socioculturales. Todo el mundo me comentaba la locura que cometía por atender tantas cosas, no entendían que cuando uno está en lo que ama no se siente mal. A mí no me importaba acostarme a las tres de la mañana planificando una clase o haciendo un cuadro.

En mis perspectivas dentro del proyecto está trabajar con un grupo de artesanos para ofrecerles clases de pintura que les sirvan de superación. Son personas que no eran miembros del ACAA ni del Fondo de Bienes Culturales y los acogimos en el espacio denominado Calle de las tradiciones. Ahora son mis nuevos alumnos.

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