En cada nueva quinta jornada, muchas personas de buena voluntad hacen un alto en la vorágine diaria para pensar en lo que han hecho por la causa de Antonio Guerrero Rodríguez, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, René González Sehwerert y Fernando González Llort, aunque los dos últimos ya cumplieron sus arbitrarias sanciones y se encuentran ya en la Patria.
Si hay algo que no podemos permitirnos es que ellos se conviertan en solo eso, en nombres que salen por los medios de difusión masivos y que se asocien a imágenes inertes de carteles y pancartas.
Es que después de más de década y media de años de prisión, de batallar porque se haga justicia es difícil que no haya cierta "costumbre" al hablar de los cinco. Varias son las generaciones de cubanos que han crecido escuchando hablar de estos héroes.
En realidad son familias incompletas que sufren el dolor de saber uno de sus miembros presos. Son madres sin ver a sus hijos, hijos que crecen sin al amor de sus padres; esposas que esperan con anhelo a que llegue su amor para poder tener su bebé, con el riesgo de que no llegue a tiempo para poder sembrar.
Son tres hombres con sueños, planes inconclusos, aspiraciones familiares y personales, con ansias de vivir, de besar, de reír, de libertad. Tres padres, hijos, esposos, amigos, vecinos, que a pesar de llevar 16 años sin libertad no han perdido los deseo de ser felices y de luchar.
La vida continúa para todos nosotros, más o menos atareados se nos van los años, mientras Ramón, Antonio y Gerardo han tenido que postergar cada uno de sus sueños, algunos casi inalcanzables ya.
No por reiterado este tema deja de ser extraordinariamente importante. Si por un momento usted lo duda piense un segundo en que ellos fueran sus hijos, esposos, o hermanos. Así es como sufren sus familias, que sabiéndolos inocentes los mantienen brutalmente encarcelados.
Es duro imaginar a un hombre sin libertad, solo los que en algún momento la han perdido saben lo que en realidad ella significa para el ser humano.
Luchar por la causa de los cinco es un deber de cada hijo de esta tierra, más allá de intereses políticos. Ellos son miembros de nuestra familia grande del pueblo de Cuba.
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