No hay nadie más en el Coloso de la Avenida 26 de Julio, en una escena de gradas vacías y silencio que en los últimos años se ha hecho cada vez más habitual.
Cada calendario se desarrollan aquí poco más de veinte partidos de la Serie Nacional, o en otras palabras, tres semanas de béisbol. Otras 49 quedan a expensas del magro consuelo que proporciona la campaña provincial o algún que otro evento de menor calibre que ocasionalmente se organiza.
Tal es la realidad que se vive en la guarida de los Toros, luego de tres campeonatos sin rebasar la barrera de los primeros 45 juegos. Cambiarla no parece tan fácil, y menos cuando ya se han ensayado (sin éxito) alternativas como el cambio del cuerpo dirección y la “importación” de mánagers.
Sin opciones como esa y con el añadido de ausencias que pesan, Leonel Moa sabe bien que en cada decisión se juega buena parte de lo que en algunos meses pudieran hacer los hombres de la franela tricolor.
“Aquí de lo que se trata es de superar los malos resultados con los jugadores que tenemos, en especial los muchachos del sub-23. Por eso Rolando Hernández dirigirá los dos equipos y se ha trabajado tanto con la Academia. Si uno pasa revista a los últimos diez o doce años se da cuenta de que lo sucedió en Camagüey fue que se rompió la consecutividad en el trabajo, pues fueron retirados algunos atletas que todavía podían rendir y no se les aseguró un relevo.
Ya después el asunto se vino a complicar por la salida de varios peloteros hacia el exterior. Es decir, una cosa siguió a la otra... y a la otra. Lo que estamos tratando de lograr ahora es que nuestro equipo mayor se una como un todo, pero simultáneamente, ir preparando el relevo entre las categorías sub-18 y sub-15, en las que tampoco hemos alcanzado buenas posiciones en las competiciones recientes”.
Salvo por su selección femenina, que se mantiene como una de las más ganadoras del país, Camagüey no tiene mayores motivos para celebrar en materia de bolas y strikes. De hecho, como deporte, la provincia se ubica entre las posiciones de retaguardia si se tienen en cuenta los desempeños de todas sus categorías.
“Por eso le dimos tanta importancia a la Serie Provincial y ahora incorporamos la Liga Agramontina. Para ganar en la pelota primero hay que jugar mucha pelota, y si valoramos la 'Provincial' hay que decir que eso en buena medida se logró. Ya este año con el cambio de estructura (de la de grupos a la de todos contra todos) municipios como Nuevitas y Sibanicú se incorporaron a la pelea por clasificar, y en varios estadios mejoró la asistencia de público. No es más que un primer paso de un proceso que debe ser mucho mayor; si se habla de las categorías inferiores hay que sumar otras dificultades como la falta de implementos y los horarios de preparación, que no siempre alcanzan para que los profesores hagan su trabajo. Problemas como esos, y como la falta de concentrados para las competencias provinciales y nacionales nos han afectado mucho”.
La historia reciente habla de grandes prospectos entre los escolares y juveniles, que una vez en la nómina mayor no rindieron todo lo que se esperaba de ellos. Otro tanto puede decirse respecto a las posibilidades precompetencia, que se han convertido en una cruz con la que carga el conjunto: casi todos los conocedores le otorgan amplias condiciones para incluirse entre los ocho primeros, pero más tarde la historia sigue un curso completamente distinto.
“No es fácil salir de la situación en la que nos encontramos, pero la solución no está en rendirnos. Estamos dándole mucha importancia a la Liga Agramontina, que deberá perfeccionarse en próximas ediciones pero esta vez nos servirá para reconocer a los mejores y definir los nombres que estarán en la preselección. Ya en las semanas siguientes incorporaremos los topes con otras provincias y habrá que seguir lo que suceda en la sub-23. Este va a ser un proceso del día a día, con la mira en la Serie Nacional”.
