Entrando en materia sobre lo ocurrido hoy, se impone comenzar desde el principio, como en toda buena historia. Y es que si ayer los Toros penaron una y otra vez para acortar diferencias, esta vez la suerte marcaba de su lado. Ya desde el mismo primer inning sus maderos se encargaron de fabricar tres carreras por cuenta de imparables de Héctor Hernández, Alexander Ayala y William Luis, este último con doble de tres remolques.

Otra raya caería en la siguiente entrada, gracias a triple de Dairon Blanco y fly impulsador de Ermindo Escobar.

Los otros puntos más notables en la geografía de este juego se producirían en el cuarto capítulo (dos llegadas al plato per cápita), en esa ocasión de nuevo con protagonismo para los hombres de la parte baja de la alineación (Blanco, Escobar y Humberto Bravo), y el respaldo oportuno de Hernández.

Todo marchó sin mayores sobresaltos hasta el séptimo, momento en el que Frank Madan abandonó la lomita dejando un hombre en segunda. José Ramón Rodríguez trató de auxiliarlo, pero tras permitir par de imparables y una llegada al plato, la opción más lógica se impuso: Yormani Socarras. Resumiendo la labor del "Cañonero de Los Coquitos" en esa entrada, un ponche y un rolling al torpedero, este último en una complicada acción que terminó convirtiéndose en out en la goma.

Sobre el mismo se impone una aclaración. Fue una de esas jugadas a las que --por mucho que se busque-- resulta casi imposible encontrarles la lógica. Ubíquese en la situación: batazo perfectamente fildeable sobre la segunda almohadilla, Ayala que se interpone a Bravo, tiro demorado a primera en lugar de forzar en la intermedia y, una vez perdida la posibilidad en la inicial, lanzamiento desviado de Bartolomé al receptor. En otras palabras, solo la casualidad impidió que no sufriéramos más anotaciones de los del Guaso.

Similares errores de coordinación pudieran apuntarse a la hora de reseñar algunas otras salidas de Ayala en sus cruces con Bravo, muestra clara de que entre ellos faltan todavía muchos aspectos por pulir.

De lo positivo, cabe señalar la agresividad de algunos maderos tricolores, en particular hombres como Dairon Blanco (de 3-3, con par de anotadas, un remolque y un boleto), Bravo (de 3-2, 1 y 1), y Marino Luis, que si bien no siempre rindió con hombres en circulación sí se las agenció para conectar 5-3, con una vuelta completa al diamante.

Para guardar quedan jugadas como el fildeo notable de William Luis en la pradera derecha, contra los colchones y con hombres sobre las bases, y su oportuno bi-angular de la primera entrada.

Resumiendo, fue un partido mejor que el de ayer en cuanto a oportunidad y combatividad. Sin embargo, queda lejos del nivel de desempeño que necesita Camagüey para agenciarse su pretendido pasaje a la fase élite. En primer lugar por la falta de un centro verdaderamente ofensivo (ni Ayala ni Bartolomé "pintan" para el 3-4 de nuestra alineación); en segundo, porque el pitcheo sigue sin encontrar la fórmula para conjurar las rebeliones de los contrarios.

Son solo apuntes, pero apuntes válidos para entender lo que se avecina. Veremos ante Ciego de Ávila, desde el martes.