CAMAGÜEY.- El Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña, referente nacional, ha rescatado intervenciones de alta complejidad. Para hacerlas posibles equipos multidisciplinarios de diferentes centros asistenciales se unen por un mismo pulso: salvar vidas y hacer brotar, incluso en medio de la angustia, la semilla de la esperanza.
Esta unidad recibe hoy pacientes de numerosas provincias del centro y el oriente del país, un flujo constante que se traduce en historias de vida al interior de su quirófano.
Una de ellas es la del niño Yoanny Riverón Zamora, de 14 años de edad, quien llegó junto a su padre desde el poblado Los Manguitos, perteneciente al municipio Ciro Redondo en Ciego de Ávila.
El adolescente -con insuficiencia renal crónica tipo 5- tras múltiples hospitalizaciones recibió una intervención quirúrgica necesaria para crear una fístula arteriovenosa autóloga funcional.

Lo asistió un equipo liderado por el doctor Raúl Romay Buitrago, especialista en primer y segundo grado en Cirugía Vascular y Angiología, dedicado a las intervenciones de diálisis, específicamente los accesos vasculares para hemodiálisis.
El también cirujano del grupo territorial centro-este de Ablación y Trasplante Renal, y con dotes del magisterio, habla del reto de atender a pacientes en edades pediátricas y la suerte de ser artífices de una nueva oportunidad para disfrutar sus vidas con mayor calidad.

En el diálogo recuerda a sus grandes maestros y con quienes inició el camino de la medicina, para suerte de los pacientes, de Camagüey y de Cuba, entre ellos el doctor Ramón Romero Sánchez.
Mencionó, además, que disponen de un salón destinado para la actividad quirúrgica en pacientes renales en el Hospital Provincial Manuel Ascunce Domenech, pero los niños, muy poco frecuentes, se atienden en el Pediátrico, sonríe mientras agradece la acogida y profesionalidad en cada oportunidad.
La cirugía concluyó exitosamente, la fístula «quedó muy buena», con la precisión exacta para unir la arteria y la vena, se percibe en la satisfacción del doctor y su equipo, los médicos de asistencia por Nefrología y el personal del Hospital Pediátrico Eduardo Agramonte Piña, de Camagüey, referente, una vez más, de la cirugía en el país.
En los rostros de Yoanny y su padre se refleja el agradecimiento a todos, especialmente al doctor Romay, un hombre que se quiere, porque sí; bien lo saben sus pacientes, dispuesto a investigar, a aceptar los retos, a evaluar los casos por muy complejos que sean, por su afabilidad con los colegas y su probada experiencia en títulos y reconocimientos, que hablan también del médico elegante que deja bien marcados sus espejuelos para operar, esos que devienen los ojos de un nuevo comienzo.