Machado, el candidato a la presidencia de la República por el Partido Liberal, asumió la jefatura de la nación el 20 de mayo de1925, y su gestión al frente del país la garantizaban la oligarquía nacional que veía con beneplácito su mandato, y el gobierno de los Estados Unidos asistido por su banca y por sectores económicos importantes.

El deterioro de las instituciones republicanas, que se había iniciado antes de la llegada al poder del general Machado —el grado militar lo alcanzó en la Guerra del 95 combatiendo en la zona de Las Villas—, estuvo entre las circunstancias que estimuló su postulación y elección, pero sumando, lejos de resolver situaciones de crisis, las agravó extraordinariamente.

Su demagógico y populista programa político se resumía en la consigna de: "agua, caminos y escuelas", además de adoptar la frase "a pie" que hizo contrastar con la de su rival, el también general de la Guerra del 95, Mario García Menocal, cuyo lema electoral era "a caballo", expresión que caracterizaba al mayoral, todo un símbolo del mandamás de los emporios azucareros.

Fue significativa la primera acción que emprendió una vez alcanzado el poder. Con el pretexto de iniciar negociaciones para eliminar la onerosa y condenada Enmienda Platt, viajó a Norteamérica, pero en realidad lo que hizo allí fue ganarse la simpatía de banqueros y negociantes; y proclamar, con absoluta soberbia que, bajo su gobierno, una huelga no duraría 24 horas.

Su gobierno se desenvolvió, desde sus inicios, en un clima de tensiones económicas y políticas que generó un vigoroso movimiento nacional contrario a los métodos de la dictadura. Desató una ola de represión contra periodistas opositores y fue responsable del asesinato de notorios líderes de la clase obrera y de jóvenes estudiantes revolucionarios.

En 1925 usando el asesinato como instrumento de su política, Machado determinó la eliminación del periodista Armando Andrés, y un año después la del líder de los tipógrafos Alfredo López, a quien muchos compañeros de lucha llamaban el hombre de la unidad, por su capacidad de aglutinar a las masas. El dirigente y obrero ferroviario Enrique Varona resultó ultimado también ese año.

El régimen que pretendió mantenerse a toda costa en el poder, con una prórroga, provocó descontento entre el estudiantado de la nación. Los jóvenes no solo se vieron burlados por la política dictatorial, sino también por la entrega adulona de un título honoris causa en Derecho Público a Machado y reaccionaron con protestas que encontraron seguidores entre la clase obrera.

La economía en crisis siguió empeñándose cada vez más y gravitaba a favor de los intereses norteamericanos y de sus grandes empresas y compañías. La facundia criolla sentenciaba que Machado podía dejar de pagar el sueldo de empleados públicos y maestros, pero nunca dejar de pagar a los vecinos banqueros y comerciantes del norte.

El 30 de noviembre de 1930 los estudiantes redactaron un manifiesto condenatorio a la prórroga de poderes, en la cual, además de exigir su renuncia, lo declaraban culpable de la muerte de Julio Antonio Mella, destacado dirigente de las luchas estudiantiles en años anteriores. Los enfrentamientos de aquel día cobraron la vida de otro joven, la del universitario Rafael Trejo.

A partir de esos momentos, los obreros- junto a los estudiantes y pueblo en general-, protagonizaron verdaderos combates que condujeron al avance del movimiento nacional contra Gerardo Machado, el Asno con Garra como lo caracterizó Rubén Martínez Villena, un joven intelectual revolucionario juzgado y apresado por defender sus ideas políticas y filiación comunista.

En el verano del 33 la situación era verdaderamente de revuelta popular. A Machado le quedaban pocos días en el poder. No pudo ni con la intervención de sus padrinos imperialistas, ni con su parentela de políticos burgueses, ni utilizando toda su fuerza represiva, contener al pueblo que el 12 de agosto recorrió las calles del país en actitud de confirmación soberana.

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