NUEVITAS ,CAMAGÜEY.- En Cuba hablar de medicina verde no es mirar al pasado, sino pensar en el presente y el futuro. Entre infusiones y recetas, usualmente compartidas en el argot popular, la familia descubre que las plantas pueden ser aliadas tan efectivas como los fármacos.

 Esta alternativa nace de lo cotidiano; no hacen falta grandes laboratorios ni esperar por insumos importados: basta con mirar al patio o incluso a la cocina. La cebolla y el ajo, presentes en casi todas las comidas, son valoradas por sus propiedades antibióticas y la capacidad para fortalecer el sistema inmune; mientras el perejil y la albahaca contienen componentes antioxidantes.

La menta y la manzanilla, preparadas en infusiones, son conocidas por proveer alivio a las personas con indigestión. El tilo, por su parte, se utiliza para combatir los nervios y el insomnio. Todas ellas pueden sembrarse en casa con facilidad, pues no necesitan mucho espacio ni cuidados especiales.

 Más allá de estas opciones familiares existen especies menos cotidianas pero igual de valiosas. La caña santa, por ejemplo, trata la hipertensión arterial; la guácima funciona como depurador natural; y el árbol de guamá se utiliza su raíz para tratar cálculos renales.

 Y si hablamos de sorpresas de la naturaleza el árbol nacional cubano se lleva el primer lugar. La Palma Real posee características emolientes: su raíz es diurética y se emplea para expulsar piedras del riñón, tratar la diabetes, la arteriosclerosis, los calambres, el asma y el catarro, además, ayuda a mejorar la circulación sanguínea.

 La fitoterapia en la práctica profesional

 El doctor Julio César Román Fernández, especialista en Medicina Natural, trata a sus pacientes con remedios caseros y hábitos que, aunque parezcan extraños a primera vista, curan sin necesidad de consumir fármacos.

 Román Fernández sostiene que “es la medicina más antigua que existe, la medicina blanca depende de ella”. Según explica recomienda su uso porque “no es agresiva, no tiene efectos colaterales y permite ajustar el metabolismo, logrando que la recuperación sea paulatina y se elimine la enfermedad de base”. Estas afirmaciones resultan ser ciertas, pues, además de dar resultados a corto plazo, mejoran el estado general del sujeto protegiendo su organismo de otros padecimientos.

El especialista asegura que utiliza siempre como base la fitoterapia, subrayando que puede aplicarse en cualquier edad: “se puede usar en pacientes lactantes incluso".

Remarca su importancia incluso en contextos de crisis sanitaria como la pandemia de COVID-19, durante la cual trabajó con la familia del pino, planta expectorante y descongestionante. Y añade que, ante el déficit de insumos médicos que atraviesa el país, optar por la alternativa verde es la solución: “la medicina blanca cubana actual está carente, hay muchos componentes que se necesitan y no tenemos. En las consultas, para enfermedades como diabetes o hipertensión, aconsejo el uso de plantas medicinales para tratar sus afecciones”.

 Para muchos la salud se construye desde lo cercano y lo natural. Cada remedio casero revela la capacidad de un pueblo para reinventarse. Quizás ahí radique su valor: en la forma de convertir un recurso en parte del patrimonio cultural que acompaña a todas las generaciones.

 En tiempos de incertidumbre la medicina verde recuerda que la salud también puede brotar de la tierra, y que la tradición se transforma en respuesta frente a los desafíos del presente.