El amontonamiento de madera, de telas, empieza a respirar, a moverse, a estremecerse. Hay algo de mágico. El hombre vestido de mujer es feliz, se hace entristecer. Su sueño del primer día, amar, recorre la mirada por la sala. Sus ojos brillan. En la medida de lo posible, que ningún espectador se sienta ofendido, se expone el desenlace. Al fondo un hombre, un individuo en quien los actores han puesto toda su confianza. Mira su reloj, anota, se mueve en su silla frunce el ceño se mortifica, se complace reciben los aplausos.

Así transcurrió esta noche de teatro donde no fui a Inglaterra, ni esperé las 3 de la tarde para tomarme un buen TÉ.

Ante una circunstancia como la que vivimos, no encontramos otra vía más realista que intentar el replanteo sincero en el espectador aunque ocurra solo, en uno. Pero ¿De qué hablamos en nuestros espectáculos?

No hablamos solo del pasado, nos servimos de sus anécdotas para tratar conflictos de hoy. Hablamos de nosotros mismos, de nuestras contradicciones, sufrimientos y anhelos, permite esa salida a la luz de ese universo ideológico personal como es el teatro. El rostro puede ser mostrado mediante la piel animada y asumida por el médium que es el actor capaz de convencer mediante su trasmutación personaje de las fantásticas realidades de su universo.

Nosotros los hombres del presente, contemporáneos, nos conformamos con la experiencia pasada y medimos aquella que hoy se da así algo similar a lo que el director polaco Jerzy Grotwski ha llamado ¨... trascender la soledad... ¨, fenómeno que ocurre mediante el conocimiento de nuestra identidad en una propia experiencia presente, determinación que se ajusta muy bien a esta puesta propuesta por el director escénico Fredys Núñez Estenoz. Con La Hora del Té.

Así como el tema tratado en La Hora del Té puede traslucirse en el verbo de una situación imaginativa de: caricia, protege, alumbra, saludo, soledad, frustración. Estos vocablos, parte visible de la puesta precisó del empleo permanente y activo de los actores, capaz de proponer al espectador una articulación continua de imágenes que removerán su perfección buscada y estimularán su presencia escénica en un tema tan pretendiente en nuestras escenas cubanas (la homosexualidad).

No se aprecia un gesto que delate las circunstancias cotidiana y el tema propuesto hasta el final con un finísimo tratamiento a este grupo humano, respetando la práctica de la vida real, funcionando así como elemento creador de contextos dando valor a ese sentido alterado del principio poético dramatúrgico (el texto). Hablando de textos; él mismo ha sido trabajado como materia y no solo como idea, se abriéndose camino para apreciar y hacer operantes las texturas del mismo, su sentido profundo; sin obstaculizar las aristas conceptuales se le dota de nuevas connotaciones ideotemáticas al ser vinculado a una imagen gestual como la antes mencionada.

La dramaturgia gestual: condena múltiples planos físicos con una dinámica cultural que recuerda la animación del teatro bufo o de comedia cubana de los entremés de los años 20 ó 30 del siglo XIX. La casona ventilada con ventanas y el buen gusto por la losa, más el amor sensible liberal, de la presencia física de los tres actores en un solo personaje, donde continuamente se pasa de las estadísticas textuales al movimiento de las imágenes plásticas que cristalizan los conceptos y opiniones en el modo de hacer teatro Fredys Núñez comentando las perspectivas de lo que se narra mediante el recurso expresivo escénico de la danza y la música muy nacional, dando un vínculo muy cultural, casi se da como homenaje a nuestras costumbres y carácter nacionalista.

En este espacio escénico, los objetos que a veces toman vida con una historia análoga o trasmutada a la conciencia del humano que está representado, mediante los gestos, el sonido, los textos son una serie de planos avecinados y coordinativos que a veces se contradicen y otras se complementan, pero siempre portan una información inédita, no repetida por otro código ya visto en la puesta, y que en la integración total, en la sinestesia del espectador, van grabando las impresiones de temas y conflictos internos y externos que más tarde tendrán que codificar o razonar al salir de la sala teatral, haciendo uso de su memoria emotiva de las imágenes vista o sentidas anteriormente. (Quién no ha tenido un gallo pelón en la familia que haya que apoyar y entender).

En el teatro, para que exista relación se necesita una tracción física entre los elementos, y al mismo tiempo una multiplicidad de sentido y enigma en estas relaciones, pero sobre tensión, relaciones dinámicas, aceptaciones y rechazos, afinidades y distancias no quiero hablar; solo referir que en esta puesta se puede apreciar muy claramente la filiación entre la dialéctica mutación de los valores y los contrastes reales.

Durante la representación el espacio sufre una serie de trasformaciones sencillas pero operantes que intentan ir acorralando varias líneas temáticas de la pieza: configurando así el nivel del espacio interior de la puesta en todos sus elementos. No puedo describir el paulatino proceso que da resultado a la relación de trabajo de los actores y sus roles porque sería muy extensa esta, respecto a los objetos y estos en el espacio, hacen que se transformen y constituyan la evolución de una trama de sucesos que desarrollan diversas situaciones de la vida del personaje interpretado en sus tres dimensiones: conciencia, realidad y pasión.

El espectador, va divisando la obra hasta el final, ubicando mediante el texto símil y con la ejemplificación de una fruta, un plátano, la información escénica incorporada con audacia y delicadeza y el humorismo cubano, comienzan las interpretaciones de singular valor conceptual que se derivan de esta manipulación de los objetos. Tasa y Tenedor, se convierten en un texto en conciencia pura de la historia que cuentan, sin embarazo, aquellas ideas de la pérdida de la esperanza, o de la rebeldía del tenedor que es sepultada por las más consecuentes valentías llevaron al espectador a una selección de los mayores poderes de la síntesis en el momento final de la puesta y la propuesta de la práctica de valores tanto deseados hoy.

En el montaje textual oral, se aprecia que corresponde con lo que definimos como significado de la palabra partiendo del contexto literario. Se genera así una imagen compleja a partir del tratamiento (entrecruzamientos de lenguajes primarios y sencillos) abriendo así en el espectador una lectura clara sin llegar a lo vulgar ni lo vertical ya que el espectador, al verse obligado a decodificar, destila connotaciones de un universo tejido a partir de referencias, que han sido entrelazadas en su ruta que deberá recorrer en su camino personal, para vivir el enigma que significa presenciar un verdadero espectáculo de teatro.

Y ahora término con la frase que comencé Así transcurrió esta noche de teatro.

Añado 'Te invito a un té, a lo cubano'.

Gracias Freddy y a tus actores.

*Prof Instructor. Candidato a Dr.C. Prof. Actuación, Maquillaje Academia de las Artes Vicentina de la Torre. Especialista del Consejo de las Artes Escénica de Camagüey (teatro), Prof. Actuación, Dramaturgia y Sentimientos Escénicos de la Universidad de las Artes. Filial Camagüey

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