CAMAGÜEY.- La Edición XVII del Simposio Desafíos en el Manejo y Gestión de Ciudades, que organiza la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey y sesiona en el Centro de Convenciones Santa Cecilia, abrió sus puertas como uno de los momentos más significativos de la Semana de la Cultura Camagüeyana.
No es un evento más: es, en esencia, un espacio donde se cruzan pensamiento, gestión y voluntad política para pensar el presente y el futuro de las ciudades patrimoniales cubanas.
Con una mayor presencia de participantes de los territorios que integran la Red de Ciudades Patrimoniales de Cuba, el Simposio reafirma su carácter estratégico. Bajo el tema central “El paisaje urbano histórico como potencial para el desarrollo integral de zonas patrimoniales”, esta edición —dedicada a Georgina Rey y Lourdes Gómez— propone una lectura del patrimonio que trasciende la conservación física: lo coloca en el centro de las políticas públicas, la visualización urbana y el desarrollo sostenible.
La conferencia inaugural, “El paisaje cultural, una arista particular del patrimonio cultural cubano”, estuvo a cargo de Nilson Acosta Reyes, vicepresidente del Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, quien elogió la permanencia del evento y el trabajo sostenido de la Oficina del Historiador: “Camagüey no deja de asombrarnos”.
Desde una mirada conceptual, Acosta precisó que paisaje cultural no es sinónimo de paisaje histórico urbano. “El paisaje cultural es un bien cultural que representa la obra de la naturaleza y el hombre”, afirmó, y trazó un recorrido por la construcción de esta categoría dentro del marco de la UNESCO desde 1992, cuando se amplió el concepto de Patrimonio Mundial para integrar la interacción entre sociedad y naturaleza.
Mencionó ejemplos paradigmáticos como los jardines de Versalles, los paisajes evolutivos vivos (las terrazas de Filipinas), los fósiles (campos romanos en Inglaterra) y los asociativos (la Montaña de Uluru, en Australia). Todos, modelos para entender cómo las comunidades moldean y significan su entorno.
En el caso cubano, subrayó que los paisajes culturales están profundamente ligados a los procesos agroproductivos: el tabaco, el azúcar, el café y el cacao forjaron no solo la economía, sino también la fisonomía del país.
Cuba cuenta solo con dos paisajes culturales inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial: el Valle de Viñales (1999), primer paisaje cultural declarado de América Latina, aún vivo por la continuidad de su actividad; y el Paisaje Arqueológico de las Primeras Plantaciones Cafeteras del Suroeste de Cuba (2000).
Añadió que, aunque Trinidad fue inscrita en 1982, cuando aún no existía esta categoría, es evidente que el Valle de los Ingenios constituye también un paisaje cultural.
Acosta informó que Cuba trabaja en su lista indicativa con tres posibles aspirantes a reconocimiento internacional: La ruta de la Virgen de El Cobre, como paisaje asociativo; el conjunto de Las Terrazas (Artemisa y Pinar del Río), también sitio de memoria de la esclavitud; y la zona cacaotera de Baracoa, donde aún faltan por reconocer elementos vinculados a la tradición.
En ese tránsito, destacó el papel esencial de la Ley General de Protección al Patrimonio Cultural y Natural, como herramienta jurídica para convertir la teoría en acción. “Todo comienza en los municipios: identificar los bienes, validar el proceso desde las asambleas municipales, otorgar protección territorial y luego escalar hacia categorías superiores”, explicó.
El funcionario resumió el valor del paisaje cultural en cuatro ejes: reconoce la interacción hombre–naturaleza; protege prácticas vivas; preserva la memoria comunitaria; fomenta la diversidad cultural y biológica.
Las palabras de apertura del Simposio estuvieron a cargo de Alberto García Rivero, vicepresidente del gobierno municipal, quien afirmó que “las ciudades patrimoniales son el corazón de nuestra identidad”. Llamó a no asumir la protección del patrimonio como una carga, sino como una oportunidad para construir un porvenir sostenible, inclusivo y respetuoso.
Insistió en la necesidad de estrategias que fortalezcan la unidad, la creatividad y el compromiso, y ratificó el impulso a políticas públicas coherentes con estos propósitos. En el aniversario 512 de la fundación de la otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe, actual Camagüey, convocó a “mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con dignidad”.
En un contexto marcado por carencias materiales, el Simposio deja claro que la escasez no puede limitar la mirada ni el enfoque. Cuba necesita repensar su paisaje urbano e histórico como una reserva estratégica de identidad, desarrollo y cohesión social.
Porque proteger el paisaje —urbano, cultural, vivo— no es solo conservar el pasado: es defender el derecho a una ciudad con memoria, con sentido y con futuro.