Repasemos los hechos. Luego de seis rondas de enfrentamientos los Tigres archivan adverso balance de tres victorias y nueve derrotas, válido para anclar en los puestos 6-7 de la tabla general de clasificaciones, junto a la formación de Las Tunas y solo antecediendo al discreto cuadro de Guantánamo (2-9, atención, ambos triunfos a costa de los nuestros, en los duelos de apertura).
Para confirmar lo atípico de la campaña basta con echar un vistazo al grupo de los posibles semifinalistas. Si la etapa concluyera hoy, el listado de los cuatro primeros se organizaría de la siguiente forma: Capitalinos (invictos en doce presentaciones), Santiago de Cuba (9-3), Artemisa (7-4) y Ciego de Ávila (6-6).
El discreto desempeño de los Búfalos pudiera ser la muestra más visible de una variable que afecta con mayor intensidad a los camagüeyanos: la edad de sus principales jugadores.
En el caso de los avileños, aunque el promedio general del equipo ronda los 24.8 años, entre los protagonistas el dígito se eleva hasta casi 29 (28.8). Algo similar ocurre con la escuadra “rayada”, que a la ausencia de varios de sus hombres más importantes suma el asunto de marras: La “línea de fuego” del quintento (Jaca, Francis y compañía) hoy bordea los 28 años (por cerca de 26 si se tienen en cuenta las edades de los 15 convocados).
Para poner más en contexto el fenómeno vale recordar que otras selecciones como Artemisa y Capitalinos, que rondan los 24 años en sus promedios colectivos, tienen –sin embargo– a buena parte de sus hombres-proa en entre los 25 y los 28 años, la etapa de mayor rendimiento en el básket a escala internacional.
Por otro lado, el equipo no ha logrado encontrar un esquema de desempeño que sea menos dependiente del “capitán” Yordanis Jaca. Así se ha evidenciado cada vez que el “5” no participa en los partidos. Su peso en todas las áreas de competencia es tan marcado que al cerrar los duelos del fin de semana pasado se ubicaba tercero en puntos anotados por choque (18.43, 129 en siete presentaciones) y cuarto en rebotes (56, 8 en cada salida a la duela).
En los discretos guarismos de la formación camagüeyana han influido sus pobres resultados en los tiros junto a las tablas y desde la media distancia (dos modalidades en las que los Tigres raramente superan el 40 % de efectividad) y las grietas en la defensa, que los ubican como la segunda formación que más puntos rivales permite (891).
Si bien se mira, todavía queda camino para resolver esos y otros problemas, sobre todo ante la verdad incuestionable de que –salvo por Capitalinos– este año no parece que ninguna otra selección tenga “comprado” el boleto a la siguiente fase.
Sin embargo, lo visto hasta ahora convoca a actuar de cara a futuras ediciones de la Liga. Ya el año pasado los nuestros lucharon hasta el último momento por asegurar su puesto en la segunda vuelta. Ahora, los retos se les anuncian incluso más difíciles. Los malos pasos seguidos en lo que va de campeonato son una alerta para el futuro cercano; sin relevo, el baloncesto pudiera cerrar capítulo en Camagüey.
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