Enrique Atiénzar Rivero
Camagüey, -A un mes exactamente del desastre poco ha cambiado para el empobrecido pueblo haitiano.
Nuevos “movimientos telúricos de pobreza” se ciernen sobre los hermanos caribeños, a los que llegan señales de vida por la cooperación médica cubana y de otros países de Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Fuerzas de ocupación norteamericana para reprimir al pueblo, negación de asistencia a pacientes en instituciones de Estados Unidos por no saber quien pagará esos servicios y suspensión de vuelos de traslado de damnificados caracterizan el panorama sombrío.
Tal vez muchas personas no conozcan que más de seis millones 800 mil habitantes de diferentes regiones del mundo han fallecido como consecuencia de los terremotos, según un resumen de los 131 peores sismos de los cuales se tiene noticia a partir del año 526 de nuestra Era
Es una cifra escalofriante, poco más de la mitad de las personas que habitan actualmente a Cuba, lo que debe llamarnos a la meditación de cómo cooperar para no acelerar los cambios climáticos, empezando por los países más ricos, y como eliminar los índices de pobreza sembrados por el sistema capitalista y que exacerba las desigualdades.
En Estados Unidos se promueven pólizas de seguro contra terremotos y no cabe en la cabeza de nadie, con cinco sentidos, que los haitianos puedan acceder a esos servicios, privativos de familias con holgadas solvencias económicas.
Para el pueblo haitiano lo que hace falta es un serio programa de cooperación internacional, vetado por Estados Unidos con su equivocada política y que no se detiene a pensar que dentro de su Unión hay regiones, como la de California, vulnerable a ese fenómeno de sacudidas y desplazamientos oscilatorios de la corteza terrestre.
Los asesores del presidente Barack Obama deben facilitarle al mandatario el record de terremotos que directa o indirectamente se han sentido en Estados Unidos.
Por ejemplo, el sismo del primero de noviembre de 1755 de 9,2 grados en la escala de Richter, registrado en Lisboa, Portugal se sintió en Estados Unidos y Francia, mientras el de Nuevo Madrid, Missouri, de solo 3,6, cambió el cauce del río Mississippi en 1811 con el saldo de 270 muertos.
El epicentro del ocurrido cerca de San Francisco, de 8,6, el 18 de abril de 1906 abarcó zonas afectadas en San Francisco, Santa Rosa, Salinas y San José con 13 700 fallecidos y 28 000 edificios destruidos.
Cerca de Los Ángeles ocurrió otro en 1917 en que no se calcularon los muertos ni los daños; el de Long Beach, al sur de California, arrojó tres muertos y a la relación se añaden dos sismos más el de Imperial Valley y el de Valdés y Alaska, en Estados Unidos con nueve y 2 465 víctimas,respectivamente.
La población norteamericana tiene que ganar conciencia de esa triste realidad.
Como misioneros de ese país se encuentran en Haití siete doctoras bien jóvenes, egresadas de la Escuela Latinoamericana de Medicina de Cuba, cinco son de Nueva York y dos de California.
Algunas de ellas han dicho que fueron a Haití a compartirlo todo como lo aprendieron en la ELAM, sin importarle dormir en casas de campaña y trabajar a cualquier hora que es el humanismo y la solidaridad fecundados en la Patria de José Martí y extendidos por muchos países del mundo.
Estados Unidos es vulnerable en un futuro a fenómenos telúricos y está expuesto, además, a “terremotos sociales” si no corrige a tiempo su equivocada política imperial.
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