El discreto resultado en tierras canadienses ha llegado también como una oportunidad ideal para quienes pretendían criticar al Inder por la forma en que conduce nuestro movimiento deportivo, el cual por primera vez desde 1971 no pudo ubicarse en la segunda plaza del medallero continental.

Los cuestionamientos no resultan infundados, pues el descenso en la tabla de posiciones vino antecedido por un triunfalismo extemporáneo, promovido por la propia dirigencia del organismo y que se mantuvo incluso cuando las jornadas de competencia iban cerrando las puertas a la posibilidad de cumplir con lo que en principio se había anunciado.

¿Qué se puede hacer ahora?

Pienso que el primer paso será reconocer que el mundo ha cambiado y ajustar nuestras miras a la nueva realidad. En el escenario deportivo actual Cuba no puede seguir pretendiendo más allá de sus reales capacidades; en primer lugar, porque no cuenta ni con la población ni con los recursos necesarios para tal empeño: once millones de habitantes y una economía como la nuestra no pueden compararse –ni en sueños– con los de potencias históricas o emergentes.

Por otra parte está un hecho muchas veces mencionado pero que sigue tropezando con más preguntas que respuestas: la pérdida de atletas, entrenadores y otros especialistas vinculados al mundo deportivo.

Nadie puede negar que en torno al tema se mueven numerosas variables, muchas de ellas sin vínculo aparente con el escenario del músculo y que van desde la política contra Cuba (que “infla” los contratos de los atletas que desertan) hasta las propias realidades económicas que vive el país, signadas por la creciente importancia del dinero, un “Poderoso Caballero” a cuyo influjo no siempre es posible sustraerse.

Para completar el panorama, a casi dos años de su promulgación, la llamada política para la contratación de atletas en el exterior no ha obtenido más frutos que los de los peloteros que se desempeñan en ligas de Japón y Canadá, algún voleibolista incluido en certámenes profesionales europeos, y la retribución de los equipos de atletismo que participan en la Liga del Diamante y otros eventos de la temporada. Demasiado poco para el tiempo transcurrido.

Por estos días, cuando se habla rescatar la masividad en barrios y comunidades, y en algunas tribunas se llama a “reconquistar el terreno perdido” quizás sea más importante repensar las premisas fundacionales de nuestro movimiento atlético y apostar por una nueva época. En ella será necesario más deporte, es verdad; y codearse con los mejores del mundo; pero también lo será comprender dónde estamos y a dónde podemos llegar; sin vanos triunfalismos que al final pesan más que las mismas derrotas.

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