CAMAGÜEY.- Roja como una manzana a punto de caramelo, Carmita, mi compañera de trabajo que suda a cántaros en invierno, gritó a todo pulmón la frase en boga del verano cubano: "¡Qué calor!".
Confieso que en tres épocas de limitaciones cambiantes, cual el clima que nos cobija, he vivido, y no recuerdo tanta sofocación "calórica" ni vi tantas sombrillas, gorras, sombreros y camisas de mangas largas para defender la anatomía humana de los abrasadores rayos solares.
Pasé la niñez y adolescencia bajo la sombra exuberante de la vegetación montuna, a la vera del río y sus afluentes; quizá por ello y por andar descalzo y sin camisa "mataperreando" (como repetían mis tías Felisa y Juanita) apenas recuerdo aquellos calores que obligaban a toda la familia a abanicar las pencas de cartón, casi siempre con la efigie de un manengue postulado en aquellas farsas electorales. Entonces, con tantos analfabetos en Cuba, ni pensar en la percepción del peligro de los rayos ultravioleta, pues hubiera sido como cantar reguetón en chino, porque en inglés, nos imponían hasta los juegos infantiles.
Tampoco en los convulsos primeros años de la Revolución sentí tanto calor... de pueblo sí, de hacer cosas también, pero era que en aquellos días, adolescentes y jóvenes en vacaciones corrían del llano al Pico Turquino, de las ciudades al campo a enseñar a leer y a escribir; salían de los barrios citadinos hacia los cafetales de las montañas de Oriente (Crisis de Octubre y durante el ciclón Flora) para recoger café... y más bien se sentía frío en las madrugadas de mayo, junio, julio y agosto de 1968 durante la Operación Mambí, en la extensa provincia de Camagüey.
El cuerpo trata de adaptarse a los altibajos de las temperaturas, eso es verdad, pero que los cambios climáticos inciden en esta ola de calor sin invierno previo, que no le quepa duda a nadie, independientemente de que la técnica es la técnica y marca un largo trecho entre la penca y los sofisticados aires acondicionados. El deshielo de los polos y el agujero de la capa de ozono también han aumentado y el campismo —sana opción— se aleja y disminuye cada día por caminos intransitables.
Ahora mismo, cuando redacto estas líneas, bajo la protección del salvador "ciclón", ruidosa parafernalia fabricada con un motor de lavadora Aurica, el aire que rebota está al tiempo, cual el agua de no pocos centros gastronómicos, si te ponen el vasito correspondiente.
¿Cuál es el vaticinio climático para el fin de semana? Rubiera, en su pronóstico adelantado de la semana, lo repite casi al papel carbón: continuarán las altas temperaturas que podrán alcanzar hasta los 36 grados centígrados, tormentas eléctricas con posibles aislados chubascos, principalmente en la región centro oriental del país...
Y mientras seco el sudor de la cara, por Internet escribo en el buscador Google la palabra calor y, sin moverme de la silla, me imaginé sentado casi en el umbral del Polo Norte.
En la llamada franja de calor que da origen a los desiertos, 10 ciudades acaparan el calor histórico del planeta: Atenas, una ciudad considerada fresca y moderna, reporta 48 grados centígrados; El Cairo, 49; Phoenix, Estados Unidos, 50; Melbourne, Australia, 51; Kuala Lumpur, Malasia, 52; Hong Kong, China, 54; Mexicali, México, 57; Las Vegas, Estados Unidos, 57; Bangkok, Tailandia, 57,4; y San Luis, Río Colorado, México, 58,5, la temperatura histórica más alta reportada en esa región vecina.
Entonces, hay calor, pero no caloooorrr. Carmita, no hay que exagerar.
