Camagüey.- El circo es de esas pocas magias que logran sacar todavía a la gente del hogar. En tiempos en que las nuevas tecnologías apuntan cada vez más al retraimiento hacia el espacio de lo íntimo, en que simulamos el encanto oscuro del cine con las pulgadas suficientes de un pantalla plana o la emoción viva de un concierto con el sonido envolvente de un teatro-en-casa, el arte circense respira aún venturoso la dicha de arrastrar multitudes sin gran trabajo.
Incluso las generaciones nativas dejan plantada a Dora en la tele si les convidas a ir a ver la burla roja de la nariz de un payaso, la muchacha que se hace un nudo torciendo su propio cuerpo, el mago que acuchilla sin consecuencias a su linda acompañante, el hombre que carga en una pose muy incómoda a cuatro más, el león que abre la boca grande para no dañar de una dentellada la cabeza de su amaestrador.
Son cosas de ir a experimentar cara a cara, como para comprobar que no hay efectos y poder creérselas.
Y como la rajadura de cabeza por la caída de la mata de mangos, la primera vez de montar en bici o el hielo de Aureliano Buendía, es una experiencia de las que crecerás en la levadura del saco fantástico de tus recuerdos de infancia y que muchos años después habrás de rescatar para arreglar un mal momento.
¡ Qué genio el del circo! ¡Qué portento! Nos hace ser contrarios a la introspección de nuestra época, nos saca de casa, nos fascina en un siglo en que todo parece haber sido inventado de hace mucho.
¡Qué truco el de esta gente! ¿Cómo lo hacen? Vaya usted a saber; o mejor... vaya usted a verlos.
Warning: No images in specified directory. Please check the directoy!Debug: specified directory - https://www.adelante.cu/images/circo_cmg:200:200:0:0
{flike} {plusone} {ttweet}
