CAMAGÜEY.- No se puede decir que la Organización de Estados Americanos (OEA) acaba de quitarse la careta. Los cubanos conocemos muy bien todas las máscaras y disfraces de la desprestigiada alianza que financia, da sede y, por supuesto, manda los Estados Unidos desde Washington, donde radican también el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras instituciones de poder global.

Mas la ilegalidad tocó fondo pestilente en la pocilga OEA con el desesperado golpe institucional a Bolivia y Haití destituido de facto del Consejo Permanente y en desfachatada violación de la reglamentación organizacional —sin consenso de la mayoría de los países—, acuñan la intervención en Venezuela.

El violento acontecimiento, sin embargo, no puede verse aislado de lo que ocurre en el hermano pueblo sudamericano, donde una asamblea antipopular impugna y quiere separar de sus cargos a siete magistrados del Tribunal Supremo de Justicia, también en quebrantamiento de los métodos y canales constitucionales de ese soberano y democrático país, cuyos asuntos nacionales son invadidos por la OEA infractora de su propia Carta que prevé la NO injerencia interna en sus países miembros.

La OEA y los países títeres que apoyan a los Estados Unidos tratan desesperadamente de crear el caos y una confrontación popular de “ingobernabilidad” en Venezuela para intervenir militarmente en la Patria de Bolívar y volver a apoderarse de sus recursos y riquezas nativos, en especial el petróleo.

El pueblo venezolano que ha súper repetido las muestras democráticas en comicios y referéndum, fiscalizados y avalados por prestigiosas personas y organismos mundiales, vuelve a las calles para defender de modo pacífico sus derechos constitucionales y conquistas bolivarianas, mientras la oposición belicista provoca y presiona para crear la imagen de desorden ciudadano, caldo de cultivo para la intervención foránea, objetivo muy peligroso para todos los venezolanos, sin distingo de credos ni posiciones políticas, que nunca permitirán los buenos hijos del Libertador de América, además, porque Venezuela no está sola.

La rabia de los golpistas sofisticados y desvergonzados al servicio de los “tanques pensantes” USA, los consume y los calienta más con el reciente triunfo de Alianza País en Ecuador y también los convierten en fieras acorraladas capaces de todos los ataques posibles y al diablo los cacareados derechos humanos…

Esperemos que todo se resuelva por la vía del diálogo y no de la confrontación violenta, aunque las calles son del pueblo y la Asamblea Nacional de Venezuela no puede gobernar en desacato contra el mandato popular que, en tiempo de golpes “blandos”, bien pudiera congregarse en su sede para expulsar a quienes se oponen a la mayoría constitucional ganada limpiamente en la urnas.