CAMAGÜEY.- El Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos y Luis Almagro fueron por “lana” al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y salieron trasquilados.

Ni se aprobó el informe promovido por el Departamento de Estado ni se le pudo aplicar a Venezuela la “famosa” Carta Democrática Interamericana, como pedía Almagro, instrumento injerencista de la organización a endilgarse selectivamente, sobre todo cuando sirva a los intereses de Washington, y para más, el pueblo bolivariano le dio el “puntillazo” con una contundente movilización de repudio al engendro promovido en su contra.

Aunque hubo debate en el seno del Consejo y algunos gobiernos por su propia naturaleza neoliberal, como el de Argentina, Brasil…, y otros por las brutales presiones ejercidas se sumaron durante sus intervenciones a las falacias contenidas en el informe, no logró imponerse al Consejo una decisión en contra de Venezuela y mucho menos, el solicitado plazo ultimátum de 30 días para que celebrara elecciones y cumpliera otras aberrantes demandas del obsesivo Secretario General de la OEA.

En esta ocasión, como ocurrió el pasado año, al hacer la convocatoria, la organización violó el Artículo 1 de su Carta fundacional al intervenir en los asuntos internos de uno de los Estados miembros sin el consentimiento de este y admitió que se ejercieran presiones sobre sus integrantes para que se tomaran posiciones favorables a los intereses de los patrocinadores del informe a discusión.

Fueron notorias las amenazas del senador estadounidense Marco Rubio, frustrado aspirante presidencial, de origen cubano y bien conocido por sus ataques contra Cuba y acérrimo enemigo del proceso bolivariano, quien descaradamente conminó a pequeños estados de la región, como Haití, El Salvador y República Dominicana, a sumarse al informe presentado al Consejo Permanente de la OEA, so pena de sufrir las consecuencias de no hacerlo. Aunque para su escarnio, a la hora de la votación ninguno siguió sus instrucciones.

Desde luego, no faltaron gobiernos sumisos cuyos representantes en el seno de la organización repitieron al dedillo las demandas contenidas en el informe de Almagro, pero sin dudas una de las más sorpresivas y significativas fue la del embajador mexicano, quien lamentablemente falló a la histórica hidalguía de Benito Juárez y Lázaro Cárdenas, al hacerse eco de las posiciones injerencistas esgrimidas contra la revolución bolivariana.

La OEA repitió los mismos errores de antaño, que la cubrieron de descrédito y como diría el presidente Nicolás Maduro fue creada como un ministerio de colonias para gobernar, hegemonizar y dominar América Latina y el Caribe, pero al igual que en 1962 cuando trataron de satanizar a Cuba, aislarla y derrotar su Revolución triunfante, y obtuvieron el más rotundo de los fracasos, ahora, con Venezuela, están sufriendo los mismos reveses que la convierten en una organización obsoleta e incluso de uso inútil para sus principales patrocinadores estadounidenses.

Con su actuación, como dice la declaración solidaria del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, confirma la certeza de que la proclama de la América Latina y el Caribe como Zona de Paz, adoptada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, refleja los principios para tratarnos con respeto y fraternidad entre nosotros, y a la vez el reclamo como países independientes de ser tratados como iguales.

El nuevo fracaso de la Organización de Estados Americanos pone sobre el tapete el debate a que convocó el presidente Maduro, con vistas a responder las interrogantes de ¿Tiene sentido la existencia de la OEA?, ¿Tiene sentido la permanencia (de Venezuela) en la OEA?

Por lo pronto, ya los cubanos dijimos hace bastante tiempo, que jamás regresaríamos a ese instrumento de dominación colonial del Gobierno de los Estados Unidos para América Latina y el Caribe.