CAMAGÜEY.- ¡Oh paquete, mi bendito paquete...! Ahí es cuando el foráneo se pregunta qué rayos es ese paquete, convertido, más que en un entretenimiento, en una necesidad para gran parte del pueblo cubano.

Es difícil definir exactamente todo su contenido: audiovisuales, música, imágenes, aplicaciones, material de lectura, y otros; desde la novela colombiana hasta el documental más científico, hay para todos los gustos y edades

En una sociedad cada vez más abierta, con una necesidad insaciable de saber de aquí y de allá, esta novedad se ha vuelto popular. Realizadores que no conocemos producen determinado show al otro lado del mundo sin saber que llegará a las pantallas de una isla del Caribe. Incluso parte de la programación cubana está entre las muy variadas ofertas.

Así, sin más esfuerzo que el de correr todas las semanas a la casa del “paquetero”, con una memoria USB y no menos de cinco pesos, nos enteramos de lo inimaginable, de que fulana se separó de mengano, de la explosión en un mercado en México o del descubrimiento de un planeta similar a la Tierra en otra galaxia.

La televisión cubana busca no ser desplazada, para ello introduce contenidos nuevos y agradables aunque es duro competir contra los programas extranjeros, sustentados por altos presupuestos. ¡Ni con la famosa telenovela brasileña logramos la primicia porque en el paquete esta sale con 50 capítulos de antelación!

Mas, el paquete tiene su lado oscuro. En gran medida sus contenidos son banales y poco instructivos, responden a empresas publicitarias o con políticas sensacionalistas para las que el propio ser humano sirve como instrumento de diversión. Son productos que carecen de coherencia, ensalzan antivalores y ¿aportan? grandes volúmenes de información cuestionable, no siempre veraz. Y ni qué decir de lo relacionado con Cuba.

Lo racional sería seleccionar conscientemente qué copiamos y vemos. Cada cual tiene el derecho de elegir según sus preferencias, pero hay que tener en cuenta que el paquete a veces es un paquete. Al igual que las colas o las jabitas de nailon, forma parte de la vida de muchos cubanos y se ha ido adaptando a sus peculiaridades. No juzgo a sus consumidores, me declaro una de ellos, pero no me ciego. ¡Ah! y si por casualidad sale la última película cubana Ya no es antes, de Lester Hamlet, avísenme, porque la estoy buscando.