CAMAGÜEY.- Quizás ningún informe o resolución sea tan derecho y tan humano como la cobija de Beby, las destrezas que Telvis aprendió en reclusión, o la casa y el oficio que ganará Joeldis para comenzar eso que llaman una nueva vida.

Quizás también existan los informes o resoluciones más explícitos, con cifras grandes, índices, porcientos, incrementos de algún indicador... para pulirnos, en definitiva, el orgullo. Mas ninguna cifra, índice o porciento pudiera escribirse tan derecho y tan humano sin la historia de Beby, Telvis o Joeldis.

Justo hoy el calendario reclama letras específicas porque aún algunos desde fuera nos miran escépticos y nos reducen a un número arbitrario en alguna lista de violaciones; pero sobre todo las reclama para contarnos las verdades más próximas, las más creíbles.

Las carencias de Beby, esa viejita entrañable de mi Minas natal, estuvieran más hondas sino fuera por ese gesto que en algún informe se lee como subsidio. Aunque por desvaríos de la vida compartirá los estrenos del alma y del hogar solo con los vecinos y los amigos, la cobija se queda con el resquicio para colar los calores y los reposos más telúricos...

Desde hace poco más de un año Telvis es toda eclosión de los motivos. Fue beneficiada con el indulto de septiembre del 2015. Pero en los cuatro años de internamiento aprendió y enseñó. Dio clases de Español, Ciencias Naturales, Historia. Dirigió la Cátedra Educativa. Recibió su remuneración. Tuvo derechos que nunca sintió torcidos. Como muchas de sus compañeras, cuenta, que salieron gastronómicas o peluqueras y con un trabajo seguro para embolsarse los decoros...

Otro susurro rotundo es el de Joelvis. Ese niño casi hombre que por “atrasos” del santoral aún no estrena las llaves que ya le aguardan. Abrir, comenzar, vivir: su mañana se escribirá pronto en infinitivos. Joelvis es el mayor de los “pequeños” del Hogar del niño sin amparo familiar, y por esas sinrazones cuerdas que nos hacen más grande que un país, un continente o un mapa, una casa, una cama y un colchón -sostiene la tía Celina- le ayudarán a tejer el resto de sus santorales, de seguro como informático o Dj, los oficios que le apasionan.

Son historias, de esas más próximas y creíbles, derechas y humanas; de esas que nos sostienen todos los pesos; de esas que son hálitos que nos aceleran el pulso nacional.