CAMAGÜEY.- Después de la conmoción que produjo en la región latinoamericana, y en el mundo también, la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos, y que no se sabe hasta cuándo durará su efecto, dos importantes acontecimientos han tenido lugar en estos días en el área: la firma en La Habana del nuevo Acuerdo Final para la Paz en Colombia, y la terminación de la segunda etapa del diálogo entre la oposición, representada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro, partes que refrendaron cinco relevantes acuerdos.

Como se recordará, en el plebiscito celebrado el pasado 2 de octubre, una apretada mayoría de los colombianos dijeron No a los acuerdos tomados entre el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo (FARC-EP), que aunque no tenía un efecto vinculante, sí motivó un ejercicio de reflexión entre los negociadores, para tener en cuenta los elementos reprobatorios de los que rechazaron lo contenido en dicho tratado.

Finalmente, después de arduas y tensas negociaciones por más de dos semanas entre los representantes del Gobierno Nacional y las FARC-EP en la capital cubana, con la presencia de los garantes Cuba y Noruega y los acompañantes de Venezuela y Chile, se firmó el nuevo Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera en Colombia, que tuvo en cuenta para su elaboración alrededor del 65 % de las propuestas hechas por los que apoyaron el No en el plebiscito.

Según las palabras de Humberto de la Calle, representante del Gobierno colombiano en el nuevo acuerdo, no se sacrifican las convicciones que le dieron forma al anterior, no se dio marcha atrás a la posibilidad de un país nuevo, no se desistió de reivindicar la familia campesina, limpiar la política, combatir las bandas criminales y la corrupción, superar el problema de la droga, impartir justicia, crear una sociedad más justa.

Por su parte, el comandante Iván Márquez, jefe de la delegación de las FARC-EP, prefirió llamar al Acuerdo Final “Acuerdo de la Esperanza”, por considerarlo un poderoso instrumento para la democratización del país y para la materialización de los derechos de la gente, y afirmó que aunque los resultados del plebiscito puso en riesgo cinco años de esfuerzos en la búsqueda de la reconciliación, por fortuna, para millones de compatriotas, la paz sigue su marcha irrefrenable, IRREFRENABLE, puntualizó, al tiempo que agregó que esperaba se sumara con nuevos aportes, fruto de la negociación, los compañeros del Ejército de Liberación Nacional, el otro grupo guerrillero que opera en el país y que toda la institucionalidad del Estado asumiera su respaldo.

Si bien salvados los escollos que entorpecieron la paz en Colombia motivaron el saludo y reconocimiento, tanto interno como internacional, no menos repercusión ha tenido la conclusión del segundo encuentro de diálogo entre oposición y gobierno en Venezuela, que permitió rubricar la declaración conjunta Convivir en paz, que aboga por eliminar la violencia, el odio y las confrontaciones agresivas, respalda la actuación dentro de los marcos constitucionales y democráticos y ratifica los cinco acuerdos alcanzados, entre ellos combatir los sabotajes contra la economía, adoptar medidas orientadas al abastecimiento de medicinas y alimentos que escasean debido a la guerra económica que se libra contra el pueblo venezolano, así como normalizar la relación entre los poderes del Estado y superar la actuación de desacato de la Asamblea Nacional.

Al respecto, el presidente Nicolás Maduro reiteró que el diálogo es el camino para construir la coexistencia pacífica de los modelos, pues se cimienta sobre el respeto a las diferencias, aunque aseguró no se negociarán los principios ni se firmará la rendición, sino que se participa para consolidar un contexto pacífico que conducirá a más revolución y socialismo.

El próximo 6 de diciembre se realizará la tercera ronda de este diálogo que cuenta con la mediación del Vaticano y los expresidentes de España, República Dominicana, y Panamá y el acompañamiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).