CAMAGÜEY .- Como buena hermana no podía faltar a la discusión de la tesis de mi hermano, que este curso se gradúa de ingeniero eléctrico. Creo que yo estaba más embullada que él con todo eso, quizá porque recordaba lo importante que fueron aquellos momentos para mí, y por el orgullo que una siente al verlo crecer, pus aunque solo le llevo unos añitos, siempre va ser el más chiquito, al que debo proteger.

Todos los muchachos iban muy bien acompañados, familiares, amigos, y profesores se veían felices y orgullosos. Pero hubo un momento muy especial esa mañana: cuando en el aula grande nos reunieron a todos para dar los resultados de los actos de defensa.

En medio de tanta felicidad porque todos obtuvieron la máxima calificación, les dieron a ellos la palabra. Entre los agradecimientos que sacaron las lágrimas a más de uno en el auditorio, todos coincidieron en recordar un miembro de la familia que a veces se cree olvidado: la abuela(o).

Eso me llamó poderosamente la atención, porque cuántas veces se subvalora el rol de los ancianos en la casa, cuánto se ha hablado de la desatención de los jóvenes a la tercera edad, cuánto ellos mismos se sienten inútiles y apartados. Pero esa mañana las palabras de aquellos estudiantes me ratificaron lo contrario.

Uno que si él seguía siendo el pequeño de la casa, otro dedicó la victoria a aquella que ya no está pero que dio todo hasta los últimos momentos… así, cada uno tuvo una deferencia especial con los padres de sus progenitores; y eso me hace pensar que su actitud para con las personas en esa etapa de la vida es de consideración y respeto, de amor.

Porque a fin de cuentas, y no sé si a usted le pasa, cada vez que veo a una persona anciana me parece estar viendo a mi abuela, y la actitud ante el/la desconocida es la misma que sería por ella si la viera en esas circunstancias.

Ah… pero que diferencia unas horas más tarde en la guagua de regreso a casa, cuando un chofer indiferente paró en la parada donde debíamos bajar en una posición tan incómoda que la abuela hoy anda con una venda en el tobillo por el dolor que le dejó el virón de pie.

Entonces recuerdé que el país está envejecido y pienso en cuánto se hace para responder a ello. Pero tanto o más que los esfuerzos gubernamentales, aún insuficientes, me preocupa la conciencia de la ciudadanía en torno al problema.

No basta que se reparen o se construyan nuevas casa de abuelos y hogares de ancianos, imprescindibles para que los hijos que los tienen a cargo puedan continuar trabajando para mantener a su familia. No basta que se instituyan consultas especializadas para sus dolencias, que el médico de familia los visite en casa, que el Inder lleve a los barrios a un instructor deportivo que les oriente los ejercicios matutinos, que tengan la mayoría de sus medicamentos garantizados… no basta.

Todo eso necesita una pizca de amor: la sensibilidad de quienes tienen que lidiar con ellos en cada uno de los programas, la paciencia del vendutero de echar la conversadita cuando están menos ocupados, la preocupación del vecino de preguntarle cómo amaneció, la caricia de equipo del consultorio por el hombro que le duele, la preferencia que debería darle la cola si lo ve en mal estado, del caminante que le ayuda a bajar la acera o cruzar la calle, la invitación de la familia a disfrutar del verano, la responsabilidad del chofer de parquear a conciencia para que puedan bajar cómodos y sin sufrir accidentes.

Pero todo empieza desde la casa, de lo que se le inculca al ser humano desde sus primeros años y del ejemplo y el amor que también les regalan los abuelos. Hoy tengo la certeza de que al menos el grupo de jóvenes que discutió la tesis aquella mañana y que ya pronto se incorporará a un centro laboral, sabrá valorar la experiencia de sus nuevos compañeros que peinan canas y transmitirle a su descendencia ese amor y respeto a la vejez.

Que nunca olviden su legado y pongan en la vida práctica y profesional sus consejos y enseñanzas es también una recomendación de Adelante, que hoy los felicita a todos y les desea los mayores éxitos en función de su desarrollo y el del país.