CAMAGÜEY.- La multiplicidad de los partidos “democráticos” en los Estados Unidos es retórica de apariencias en el bla, bla, bla politiquero que queda al desnudo cada vez que los tradicionales demócratas y republicanos pugnan por la silla presidencial, con el uso de mañas groseras en el tú a tú de los candidatos o las sofisticadas enmiendas justicieras como ocurre ahora en la vigente disputa entre el troglodita Donald Trump y la “apacible” Hillary Clinton.

La mayor preocupación desde el demócrata presidente saliente, Barack Obama, hasta los propios republicanos, es cómo manejará el multimillonario candidato a la silla de la Casa Blanca los informes secretos de Estados Unidos a los cuales tiene acceso, dado su locuaz carisma sin pelos en la lengua que le ha traído muchos desaciertos y aciertos para los pragmáticos estadounidenses de la osadía inusitada.

Donald, durante su campaña, se atrevió a decir que su rival, Hillary Clinton, fue cómplice de las infidelidades conyugales de su marido, el ex presidente Bill Clinton, y llamó a los mexicanos como “violadores o criminales”, capaces de bombardear Estados Unidos. Otras ofensas desgranó a diestra y siniestra que, desde luego, han sido aprovechadas por la primera mujer que aspira al trono presidencial USA, quien ha manifestado aceptar el apoyo de cuantos se opongan al tremendo Trump.

Sin embargo, sobre la Clinton pendía la amenaza de usar cuando fungía como Secretaria de Estado su correo y un servidor privado para asuntos oficiales, pero en el momento exacto de la campaña presidencial en que Obama apoya su candidatura, el FBI la exonera de cargos criminales. ¿Coincidencia?

Trump, ante la absolución libre de polvo y paja de su adversaria, ha dicho: “el sistema está amañado” y puso en Twitter: “¡Muy, muy injusto! Como es habitual, un mal juicio”.

En tanto en la red social escribió James Comey, director del FBI: “...la corrupta Hillary comprometió nuestra seguridad nacional. No hay cargos. ¡Guau!”.

Otras dos mujeres, desde luego latinoamericanas y muy queridas por sus respectivos pueblos que las eligieron democráticamente, sufren acosos judiciales impugnados por políticos corruptos que son bien recibidos y dirigidos por los Estados Unidos. La mandataria Dilma Rousseff, suspendida como presidenta de Brasil, y la ex presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sometida a un hostigamiento judicial.

Dilma, separada de su cargo, ha dicho que no abandonará la lucha frente a un “gobierno” antipopular que pone en riesgo el país y, junto a su abogado, ha echado por tierra las falsas jurídicas en su contra.

Nada, Estados Unidos hacia adentro lava los trapos sucios de la Clinton para evitar que el inesperado Trump divulgue secretos de Estado y ponga en peligro la seguridad nacional, mas continúa su política exterior desestabilizadora de los gobiernos democráticos y populares como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina y Brasil, sin importarles los ladrones o los agresivos Trump que dan golpes de Estado suaves y mediáticos… como los paladines de la democracia representativa llaman a la intervención USA tras bambalinas.