Algunas agencias informativas radicadas aquí y en otras latitudes, historiadores, investigadores y personas de los más diversos sectores, en Cuba y allende sus mares, comparten el criterio de que la estancia del presidente de Estados Unidos en La Habana adquiere categoría de histórica.

No deja de ser cierto. Es el primer mandatario de esa nación en visitar a la Mayor de Las Antillas, después que el poder en Cuba pasó a manos del pueblo, desde el Primero de Enero de 1959, cuando el país dejó de ser una marioneta de intereses foráneos.

Y fue el primero también que en la práctica buscó un acercamiento en las relaciones bilaterales para la que Cuba ha fijado claramente los principios de respeto mutuo, sin injerencias en sus asuntos internos.

Su administración llegó a resolver un reclamo, no solo de los cubanos sino de millones de personas en el mundo, de devolver a los Cinco antiterroristas que permanecieron injustamente en cárceles de ese vecino país.

Obama llegará en horas a una nación, con un pueblo respetuoso, solidario y educado. Lo que jamás podrán comprender los que critican su viaje, es que arribará a un destino diferente al que dibujan las transnacionales de la información.

No es un secreto la matriz manipuladora que se ha cernido sobre Cuba a lo largo de décadas, pero la verdad es otra: aquí los niños no mueren bajo el miedo de la criminalidad escolar, la falta de aulas, de libros. Maestros, o asistencia médica.

No tendrán los infantes los súper juguetes ni las más modernas computadoras, visten con arreglo a sus posibilidades económicas, pero con vergüenza, moral, tranquilidad y un servicio de salud universal y gratuito que para muchos niños en otros sitios del resto del mundo es pura quimera.

Contrariamente de lo que digan los defensores del modo de vida norteamericano, Cuba se ha abierto al mundo y busca perfeccionar su modelo económico y social con el soporte esencial, soberano y único: la voluntad de su pueblo.

He tenido la oportunidad de conversar con residentes de Estados Unidos que han visitado Cuba y me lo han asegurado: lo que hemos visto aquí no es la imagen que se difunde allá, de personas masacradas en las calles, de represión policial y de persecución religiosa.

El titular de Relaciones Exteriores de Cuba fue enfático en sus declaraciones del jueves, en la tarde, ante la prensa nacional y extranjera, acerca de que nadie pretenderá que para avanzar hacia la normalización de relaciones entre ambos países, renunciemos a uno solo de los principios.

Lo que se escribirá en estos días en La Habana es una nueva página de la historia en las relaciones de Cuba y Estados Unidos, mientras del otro lado del mar Ileana Ross, los Díaz-Balart y Marcos Rubio, por citar solo a estos tres personajes “célebres” de la política anticubana siguen remordiéndose y friéndose en su propia salsa, permeada de histeria.

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