Esta vez, la circulación vial, tanto vehicular como peatonal, ocupó la atención de los asistentes, los radioyentes y los que se comunicaron con el espacio telefónicamente. Como si se tratara de una producción fílmica graficada con palabras, desfilaron en alrededor de dos horas de trasmisión las múltiples indisciplinas cometidas tanto por los transeúntes, como por la diversa gama vehicular que circula por nuestras calles (también por aceras y portales), desde las bicicletas, triciclos, coches y carretones, autos, camiones, motos y otros artefactos productos de la invención y el ingenio de sus creadores.

Sin que lleguemos al caos, las circulación vial es hoy un verdadero dolor de cabeza para todo el que conduzca un vehículo, ya sea de motor, tracción animal, o de pedal por nuestras estrechas y angostas calles, por sus propias imprudencias o las de los peatones, ambos violadores de las regulaciones y prohibiciones del Código de Seguridad Vial, cuya aprobación, buscando la perfección, circuló por un prolongado proceso de discusión y análisis.

Del rosario de transgresiones de las normas de circulación vial no puedo hacerme eco en tan poco espacio, aunque no sería ocioso mencionar las más peligrosas, como no atender el control del vehículo, no respetar los derechos de vía, conducir a exceso de velocidad, desperfectos técnicos, adelantamiento indebido y manejar habiendo ingerido bebidas alcohólicas,  pero pienso que quedaron claras algunas verdades que deberán tener total vigencia si queremos organizar y disciplinar el tránsito en nuestras ciudades y carreteras, tanto de los medios de transporte de personal individual y colectivos, de carga, y los peatones.

Es incuestionable que falta exigencia de las partes responsabilizadas con el asunto a la hora de hacer cumplir las disposiciones regulatorias y prohibitivas vigentes en el Código de Seguridad Vial, lo cual genera una mayor impunidad de los transgresores y por lo tanto, la generalización de las indisciplinas.

Durante todo el programa hubo una apelación constante: educar, impartir conocimientos, divulgar las normas de conductas de los conductores y los transeúntes, las regulaciones, que la población participe en denunciar a los violadores y coopere en la corrección de los comportamientos inadecuados.

Fue obvio, además, la necesidad de continuar los estudios de la circulación vial, los flujos vehiculares y peatonales, para aplicar las regulaciones y señalizaciones necesarias que garanticen una mayor seguridad, tanto de las personas como de la fluidez del tránsito.

Mientras escuchaba el programa pensé, cuando se reiteraba la necesidad de educar y dar conocimientos, cuantas falta les hace ambos a los bicitaceros que transportan a los turistas en la ciudad de Camagüey (y supongo que en otros lugares también) porque hay que ver las barbaridades que cometen mientras transitan, sobre todo por el casco histórico, compitiendo entre sí para marchar delante, o circulando en paralelo hasta tres de ellos, a velocidad exagerada para un vehículo tan frágil como ese.

Lo peor de esto, es que la mayoría de los turistas, por lo que veo en sus rostros, también disfrutan esta peligrosa aventura, que por las indisciplinas de los bicitaceros pueden terminar en una verdadera desgracia cuyas consecuencias irían más allá de las lesiones que sufrirían ellos mismos, y sus pasajeros.

Por favor, si alguien de los presentes en este “Sin Rodeo” le corresponde e interiorizó algo acerca de la prioridad de educar e impartir conocimientos a conductores y peatones, incluyan en particular a los bicitaceros que transportan turistas, ( y a los restantes también ) para así tratar de evitar que provoquen un desastre y si es posible también ilústrenlos sobre educación formal, nuestra historia, nuestra cultura y nuestro socialismo, para que logren comportarse correctamente en sus relaciones personales, conversar sobre aspectos de interés provincial y nacional, cuando el idioma de los visitantes se los permite, y aquí también, en este sentido, nos ahorraremos no pocos entuertos.

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