Las fuerzas de Occidente han reaccionado a través de la Alianza del Atlántico Norte (OTAN), cuyo secretario general, Jens Stoltenberg ha reiterado este jueves que la implicación de los rusos en el conflicto sirio empeoran la escalada de violencia en ese país.

Stoltenberg también destacó la preparación de la OTAN para replegarse en territorio turco, debido a las quejas de esa nación, por la invasión del espacio aéreo por Rusia.

Nadie quiere ser segundo de los rusos, es la verdad.

Si no, cómo interpretar que luego de una semana de ataques efectivos la OTAN inicie el refuerzo de sus activos, y el secretario general del “Atlántico Norte” ahora insista en la “necesidad” de renovar el diálogo político para llegar a una solución política, opinión que concuerda por completo con la postura de Estados Unidos, líder de la coalición internacional que desde el pasado año combate contra Bachar el Asad.

Léase bien: combate. No sé qué tipo de diálogo es ese.

Lo cierto es que lo que los Estados Unidos no han logrado en meses, Rusia lo ha hecho en días.

Así, Washington y Moscú, con un enemigo en común: el EI, muestran posturas encontradas en cuanto al gobernante sirio, a quien Stoltenberg, también en concordancia con los norteamericanos le ha reiterado su desaprobación, señalando que apoyar al régimen sirio no es la solución al conflicto.

El presidente Vladimir Putin ha recibido varias críticas en importantes medios de prensa occidentales, como la BBC, que ahora analiza cómo la población musulmana rusa se divide por la decisión de bombardear en Siria.

Entre líneas expresan el interés ruso por expandir su influencia en la región, como si esta no fuera una práctica harto empleada por otras potencias como Estados Unidos.

Se demuestra el apoyo de Putin a al Asad como una decisión negativa, que contribuye a la desestabilización de la zona, pero lo cierto es que Bachar sigue como el presidente electo de esta nación soberana, por tanto, Rusia apoya a un gobierno legalmente establecido, a pesar de la guerra civil, alimentada, como es lógico por estos tiempos que vivimos, por fuerzas extranjeras.

No en vano el mandatario sirio ha descrito como contraproducente los resultados de la coalición liderada por Washington, bajo cuya impronta ha crecido el terrorismo.

En la prensa occidental se afirma que con los ataques de los rusos han muerto civiles, incluidos niños, pero no sin citar fuentes por su nombre y apellidos. La BBC, por ejemplo, habla de las denuncias en este sentido de un grupo opositor moderado como la Defensa Civil Siria, pero no atina en citar por lo claro quién dijo algo tan preocupante contra los rusos.

Al lado de Rusia, además del alauita Asad, están naciones como Irán, mientras Turquía, Arabia Saudita y Qatar apoyaron la oposición liderada por los sunitas, junto con Estados Unidos, Reino Unido y Francia.

Esta es otra manera también de vender al mundo occidental la fragmentación del mundo islámico, y de que acrecentar en el orbe la imagen de violencia ligada al Islam.

Detrás de todo, la repartición del planeta en zonas de influencia continúa como un rasgo del capitalismo actual, y a eso no escapa ni Estados Unidos ni Rusia, que a todas luces y por encima de las miles de críticas, ha demostrado su efectividad militar.

Los rusos han subido en la economía y no se han quedado atrás de nadie en la carrera armamentista, como lo demuestran sus cohetes Kalibr, similares a los famosos Tomahawk, estadounidenses.

Rusia es una potencia más, lo está demostrando mientras arrasa en Siria con las organizaciones terroristas que no hicieron más que expandirse por todo el país durante los últimos meses.

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