El ejemplo que más claro viene a mi mente fue el de los vendedores de pan (mensajeros según su patente), que desde las 6:00 a.m., o incluso desde antes, se escuchan cada dos minutos y son capaces de despertar hasta al de más pesado sueño aunque no necesite madrugar, sin importar si es custodio o chofer y demanda descanso, o un niño, o alguien que tiene un familiar encamado u hospitalizado... nada de eso importa. El caso es que ninguna ley prohíbe o regula el pregón a pesar de que gritos y pitos molesten al pueblo.

Así de desprotegida se sintió esta lectora que no sabía a dónde acudir. Ella me contó que el sábado 5 de septiembre visitó la peluquería Vanidades para pelarse y aplicarse un tinte, y convenido el precio del servicio con la peluquera, se sentó en el sillón, pero el trato no fue bueno y la calidad de las prestaciones tampoco, por lo que al final se negó a pagarle el monto acordado.

Ante el desacuerdo, en el que a mi juicio personal considero que se le fue un poco la mano, porque de 60 pesos le quería dar solo 20, y la considero en su derecho de reclamar y exigir un descuento, pero quizá no tanto; pero bueno, ante el desacuerdo indagó por la jefa del local y por coincidencia era la misma persona que la había atendido.

Podrá usted sacar sus propias conclusiones al respecto, y quizás ha vivido situaciones similares, y es que... ¿no hay quien vele por los derechos del cliente ante los cuentapropistas? En esa misma institución, por ejemplo, había una administración ante la cual quejarse, y que aunque le pasara la mano al trabajador al menos lo escuchaba y usted se desahogaba y se sentía atendido. Pero ahora, que el local es arrendado y todos allí son trabajadores por cuenta propia ¿quién exige por la calidad del servicio? ¿cómo resolver un problema así?

No todos los cuentapropistas hacen su trabajo con calidad ni se esfuerzan por satisfacer al cliente. “Al que no le guste que se vaya”, “lo tomas o lo dejas” son algunas de las frases que les dicen a menudo o que comentan entre ellos, porque siempre algún otro necesitado llega hasta ellos y les dé igual atender a uno que a dos porque con la superinflación de los precios les da negocio. Y este tema de los precios merece una investigación aparte porque es otro de los aspectos en los cuales la ciudadanía está totalmente desprotegida ante las decisiones del sector emergente.

No se trata ahora de apabullar a los trabajadores por cuenta propia que ya bastante tienen con inventárselas para no salirse de la legalidad de su actividad que, aunque fue aprobada, carece de las mínimas condiciones y garantías de materias primas para ejercerla. Pero vale a tiempo pensar en casos como este, sobre en los locales que aún son estatales, y hallarles solución, para que al fin el pueblo no sienta desprotegido y solo.

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