Venía haciendo falta un “sacudón”, y eso ha sido el balance de la Unión de Jóvenes Comunistas, iniciado en septiembre de 2014 en sus bases -tres meses antes de la convocatoria a la cita- e incluso más atrás en el tiempo, pues ya en el verano había ido calentándose la línea para la “conexión necesaria” con los no militantes.

   Desde el primer minuto se hizo explícita la voluntad de dar a todos la palabra y sobradas posibilidades de participación real, para que más allá del slogan fuesen estos, de veras, un balance y un congreso de la juventud cubana.

   Darles la palabra, sí, y pedirles -antes que buscar la paja en el ojo ajeno- mirarse y mirar a la UJC, para saber cómo se ven los jóvenes, cómo asumen los rigores y desafíos de su tiempo, y qué piensan y esperan de una organización que, igual si están dentro, que fuera, es suya.

   Con sinceridad, a veces hasta con crudeza, se habló en ese y cada espacio abierto para el diálogo, mas no en plan de francotiradores o del que intenta ocultar y justificar desaciertos, aunque, claro que nunca falta quien lo ve todo malo o el que todo lo ve bueno.

   Fue en casi todas partes excelente intercambio, aportación valiosa y oportunidad bien aprovechada para escuchar, opinar, coger a más de un toro por los cuernos, reflexionar, esclarecer, sugerir, aunar y movilizar, en la búsqueda común de soluciones a problemas, que en la inmensa mayoría de los casos pueden y han de ser resueltos allí donde fueron planteados.

   Nobleza obliga, franqueza también, e igual de honesto resultó el debate durante todo el proceso orgánico, incluido ese paso absolutamente inédito, sustancial, pertinente y audaz que, una vez celebradas las asambleas provinciales, cuando parecía haber acabado, le llevó de vuelta a las bases de la UJC para validar lo hecho y construir, desde la más amplia participación y el consenso, la agenda para las sesiones finales del foro juvenil.

   La construcción del X Congreso movió el piso en unos cuantos lugares y estremeció conciencias. Un “sacudón” fue -ya lo decíamos- al formalismo, el conformismo y la inercia; un llamado a comprender que en tiempos de hacer, no basta con estar, y hay que empezar a pensar y actuar en todas partes, definitivamente, como vanguardia, hacerse sentir con la fuerza del trabajo y del ejemplo, dejar de dar por hecho lo mal hecho y de esperar a que orientaciones y soluciones caigan “de arriba”, como maná del cielo.

   Actuar, sin “peros” ni demoras: La clara comprensión de la urgencia está en la esencia de un debate, concebido por la UJC para reconocerse en sus aciertos y sus yerros, pero sobre todo en el sinfín de cosas por hacer y en esa heterogénea multitud de jóvenes que, militantes o no, ha de representar y contribuir a formar.

   Restan los días de Congreso y, más aún, los que vendrán después, tiempo de repasar, cumplir, trabajar mucho y, también, de seguir pensando en voz alta y entre todos sobre realidades, necesidades, legítimas aspiraciones e, incluso, soluciones que rebasan una cita, pero que el porvenir reclama.

   De goles hablé al comienzo de estas líneas y, tal como lo veo, uno formidable fue el reencuentro con una frase de Fidel, escrita en abril de 2010 a propósito del IX Congreso, y que es el “santo y seña” para este encuentro:  “Las razones para luchar y vencer se multiplican cada día”.

   Valga esa certeza, incluso como recordatorio a los jóvenes -y a los que no, también- de todo lo heroico y altruista que implica el verbo luchar, entre cuyas acepciones no está un “sálvese quien pueda” ni buscarse la vida, ir tirando y tratar de resolver lo de uno a como dé lugar.

   Un llamado a no dejarnos ganar por el desaliento, a no cejar ni rendirnos jamás, a enfrentar y vencer cualquier desafío, por insuperable que parezca, está implícito en esas palabras de un hombre inmenso, que señala un camino, el único modo consecuente de vivir para un revolucionario, y nos invita a sacar bien la cuenta, porque en verdad tenemos sobradas razones, cada día más, y de todas, Cuba siempre la primera.

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