Eso es mera pantalla. Hay individuos que vienen al mundo con el signo de la maldad, no congénita, sino adquirida por la formación que va asumiendo en la etapa infantil y la exacerbada en la adolescencia y en plena juventud.

Rubio es el hombre de ese ego perverso, de nadar contra la corriente por más que la realidad diga lo contrario.

El actual mandatario norteamericano Barack Obama ha buscado cierto acercamiento con Cuba y eliminar fricciones, nunca justificadas de someter a una nación entera al hambre, enfermedades y privaciones de todo tipo.

Este señor, por el contrario, se ha llenado la boca para decir qué hará, desde la primera magistratura, si lo eligen como máximo inquilino de la Casa Blanca. La postura no puede ser otra que la manifestada hace unos días y reseñada por las redes sociales, blog y páginas web.

Aseguró que de ser reelecto echará atrás el diálogo con Cuba y reimpondrá las sanciones contra la nación caribeña, al tiempo que aumentará el gasto militar para recuperar su poderío e influencia en el mundo. ¿Un hombre de paz, verdad?

La de Rubio es una política equivocada, equivale a nadar contra la corriente. Mientras las olas auguran un acercamiento mayor a las aguas cubanas y muchos norteamericanos ven con buenos ojos la actitud asumida por Obama, él se opone, a las puertas de cumplir el próximo 28 de mayo 44 años, edad más que suficiente para pensar con tino lo que hace.

Está contra todas las banderas. Ha atacado con dureza a la candidata presidencial demócrata Hillary Clinton. No olviden que ella hace algún tiempo se pronunció por una política distinta de Estados Unidos hacia Cuba.

A la Clinton la calificó de líder del pasado, con una actuación inefectiva al frente de la diplomacia de esa nación en el término de cuatro años durante el primer mandato de Obama.

La doctrina de Rubio, de origen cubano, nacido en Miami, es peligrosísima. Sostiene la necesidad de un Estados Unidos más poderoso en lo militar, lo que a su juicio, está vinculada con la protección de la economía global.

A veces las informaciones dispersas no dan la posibilidad de formarse un criterio firme sobre la persona que se elogia o se censura. Eso es lo que ha ocurrido con este senador a quienes se les han sacado los trapitos sucios, de estar vinculados con determinados sectores y “personalidades” que dejan mucho que desear para el bien y el futuro de la sociedad norteamericana.

Ya desde el 2011 extremistas republicanos cuestionaban la nacionalidad del senador Marcos Rubio.

El periodista Jean-Guy Allard en un artículo refería la alianza entre Rubio y Álvaro Uribe que levantaba sospechas. Además de ensañarse contra Venezuela y sus aliados, llevan episodios en su historial que les vinculan, de una manera u otra, al narcotráfico, lo que abre bien grande la puerta a delicadas conjeturas.

Con esa cara de buena gente, con la boca abierta para simular una sonrisa o con la bandera norteamericana, de fondo, Rubio no querrá que le hablen de su vida familiar, ni cuando tenía 16 años y sobre la irrupción en su medio de fuerzas antinarcóticos en 1987, en el sur de la Florida, para arrestar a su hermana Bárbara y al esposo, Orlando Cicilia.

Es mejor no seguir hablando para que no se vaya a poner bravo y quiera tildar de sandeces todo lo que se dice de su persona. Lo cierto es que le pidió a Kerry que no eliminaran a Cuba de los países patrocinadores del terrorismo y que suman millones de pesos que acapara hacia las elecciones primarias del Partido Republicano.

¿Quién saldrá de presidente o presidenta en Estados Unidos en el 2016? No puedo decirlo, lo que si estoy convencido es de que Marcos Rubio no será.

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