No, no son los años 50 del siglo pasado. Estamos en pleno siglo XXI, pero la manida fórmula de la Guerra fría y la lucha contra el socialismo igual le sirve al presidente de la potencia más grande del mundo para justificar sus fines geopolíticos y electorales.

Donald Trump, actual inquilino del Despacho Oval de la Casa Blanca, fue a la Universidad de Miami a despertar dinosaurios ideológicos. El macartismo y la Doctrina Monroe, dos cadáveres políticos que tanto sufrimiento han traído a los pueblos latinoamericanos y al propio estadounidense, son revividos ahora en una consigna repetida varias veces: América nunca será un país socialista.

Lo escuchamos durante su discurso sobre el estado de la Unión hace unos días, y ahora lo repitió en un tono beligerante cuando señaló que el fin del socialismo ha llegado en nuestro hemisferio y en todos los lugares del planeta. No solo en Venezuela sino en Nicaragua y en Cuba también.

Aupado por un auditorio que espera sacar mucho dinero de esta escalada de violencia, el empresario republicano saludó a los verdaderos arquitectos de esta estrategia: el senador Marco Rubio, el representante Mario Díaz-Balart y el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton.

En sus palabras siguió el guion de los últimos meses con su retórica anti-socialista, en la que no pocos expertos advierten un guiño a las presidenciales de 2020, ante el ascenso de un programa más liberal entre los posibles aspirantes del Partido Demócrata.

Amenazas a las fuerzas armadas y los funcionarios gubernamentales de Venezuela, apoyo al autoproclamado presidente Juan Guaidó, declaraciones intimidatorias que incluyen la opción militar y el ataque directo a Cuba y Nicaragua, fueron tesis fundamentales de sus palabras, que dejan en evidencia la inoperancia de todas las acciones emprendidas hasta ahora contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro.

Aquellos tiempos de las llamadas revoluciones rosadas, guerras de cuarta generación y cerco económico dejaron sus formas sutiles y en la Universidad de Miami, en un hecho inédito y escandaloso para la comunidad internacional, Trump llamó a los militares venezolanos a perpetrar un golpe de Estado. Cualquier similitud con los años sombríos de las décadas de 1970 y 1980 no es pura coincidencia.

Trump incorpora el macartismo a la Doctrina Monroe. Confirma que contra Venezuela "todas las opciones son posibles". El golpe de #EEUU no funcionó, el peligro de agresión militar es real. La historia de #NuestraAmérica lo demuestra, tuiteó el canciller cubano Bruno Rodríguez minutos después del acto en Miami.

Mientras estas nubes se agrupan en el horizonte, se estrecha el cerco militar sobre la nación de Bolívar bajo una supuesta ayuda humanitaria, la unidad de las autoridades y de su pueblo se afianza y la mayoría de los países del mundo, incluyendo los organismos multilaterales más importantes reconocen a Maduro como el presidente democráticamente electo por los venezolanos.

Al decir del ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, el discurso del Presidente Trump en Miami confirma la amenaza de una agresión militar contra Venezuela. Es la hora de pronunciarse, por encima de diferencias políticas, en defensa de la Paz. La ayuda humanitaria es un pretexto para una guerra de despojo del petróleo.

Aspiraciones electorales, cabildeos geopolíticos y el servilismo de la oligarquía regional, reviven dinosaurios ideológicos en América Latina.

¿A estas alturas alguien todavía cree que a Trump le interesan realmente los pueblos de América Latina, a los que llamó agujeros de mierda hace un año? Ese mismo discurso de este lunes costó a estas naciones entre las décadas de 1970 y 1980, durante la Operación Cóndor, 50 mil muertos, 30 mil desaparecidos, y unos 400 mil presos.