CAMAGÜEY.- Que “pena”, los organizadores del convite anticubano auspiciado por el Departamento de Estado norteamericano terminó con un rotundo fracaso al impedir su desarrollo las protestas y rechazo de una parte de los asistentes, encabezados por la delegación cubana y otras representaciones como las de Bolivia, Nicaragua…

Atribulada, una de las convocadas a lanzar la farisaica campaña “Encarcelado por qué”, de difamación contra Cuba con el manido pretexto de los derechos humanos, no tuvo otra alternativa que reconocer que el empeño había fracasado al no poder completarlo, a pesar de que “gentilmente” la Secretaría del Consejo Económico y Social (ECOSOC) había facilitado una de las salas de la organización internacional de las Naciones Unidas (ONU) para celebrarla como el que dice, “por todo lo alto” violando las normas y principios que especifican el uso de las salas de este organismo que en modo alguno debe ser para agredir a uno de sus estados miembro.

Todos sabemos el uso engañoso que los Estados Unidos hace de este término al esgrimirlo como argumento para desatar sus acciones militares contra otros estados que no son de su agrado, para cubrirlos de sanciones económicas, políticas o diplomáticas, para tratar de desacreditarlos, poniéndolos supuestamente en la picota pública.

Si alguna nación puede considerase como cumplidora de los derechos humanos es Cuba, porque precisamente para eso hizo una Revolución que le costó más de 20 000 muertos y ahora está a punto de cumplir 60 años de existencia con una obra económica, social y política de tal trascendencia humana, que no tiene paralelo en la historia de nuestro continente latinoamericano y caribeño, para no extendernos a otras latitudes, donde dudo que la haya igual o similar.

Lo peculiar del concepto de derechos humanos que tienen los cubanos no es solo para satisfacer sus derechos a la educación, a la salud gratuitas, a la alimentación, a la seguridad social, al trabajo, a no ser discriminado por el color de su piel o su género, a expresarse libremente y a que las instituciones gubernamentales le rindan cuenta de su gestión administrativa, sino que más allá de sus fronteras reconoce las adversidades de todo tipo y la miseria de los pueblos hermanos y a costa de sus menguados recursos, sin pedir nada a cambio, hace todo lo que está a su alcance para remediarlos.

Se imaginan ustedes al Congreso o al Gobierno de los Estados Unidos ejecutando una discusión popular acerca de cualquier ley importante que deseen dictar, tal como hacen los cubanos con el Proyecto de Constitución de la República de Cuba sometido a debate antes ser aprobado por el órgano legislativo, documento definitivo que recogerá todo lo que aporte o modifique la sabiduría del pueblo para su posterior aprobación en un referendo.

Claro que tal ejemplo de democracia no puede producirse en un país capitalista donde las élites gubernamentales, las corporaciones, las empresas transnacionales y lo más conservador de sus filas detentan el poder y profesan desprecio hacia los más desfavorecidos, hacia las capas más humildes y en el caso Estados Unidos hacia los negros y otras minorías que son brutalmente discriminados.

Desde luego que hasta cierto punto tienen razón las organizaciones que medran a costa del presupuesto de los estadounidenses y su Departamento de Estado de estar nerviosos, de apresurarse a tratar de desacreditar a Cuba en una campaña difamatoria, que no tiene ningún sustento y que ya no engaña a nadie, y hacerlo cuando se aproxima el día 31 de octubre fecha en que la delegación cubana presentará ante la Asamblea General de la ONU el documento “Necesidad de poner fin al bloqueo económico, financiero y comercial de los Estados Unidos de América contra Cuba”, donde seguramente, como en otras múltiples ocasiones la denuncia de la Isla será aprobada por la inmensa mayoría de las naciones presentes, dejando totalmente aislado al Gobierno norteamericano que una vez más ha fracasado en su agresiva política contra nuestro pueblo que ha aprendido a vivir y desarrollarse, a pesar de que tal hostilidad dura ya casi 60 años y no han podido rendirnos.