CAMAGÜEY.- En Brasil todo sucedió como estaba previsto, aunque al propio Partido de los Trabajadores debe haberle sorprendido el 46% de Jair Bolsonaro, pues siempre se pensó que el ultraderechista ganaría esta primera vuelta, pero no con ese resultado; al extremo de que le solo le faltaron algo más de cuatro puntos porcentuales para haber ganado en primera vuelta.

Lo sucedido este domingo confirma la tesis de que un país en crisis se polariza y no deja chance para posiciones centristas.

No se puede analizar el panorama electoral brasileño actual sin pasar revista a lo sucedido en los últimos años en el gigante suramericano, con una Dilma Rousseff destituida, varios de los cuadros políticos del Partido de los Trabajadores perseguidos por una justicia que en los últimos meses ha sido un instrumento político más y por supuesto el elemento principal que marcó esta contienda, la inhabilitación de Lula, quien era el candidato favorito de los brasileños, incluso para triunfar en primera vuelta.

Ante esta situación no hubo otra opción y la candidatura de las fuerzas de izquierda la asumió Fernando Haddad, quien durante los gobiernos de Lula y Dilma había ocupado altos cargos de gobierno. Además, un hombre carismático, apoyado por los sectores juveniles. Con muy pocas semanas de campaña y un electorado que lo vio como una variante, que por muy buena que sea siempre va a ser el sustituto de Lula, es realmente una proeza alcanzar más de 31 millones de votos.

Por su parte, a Bolsonaro le dicen el Trump brasileño, defiende las posiciones más conservadoras de la derecha del continente, es un neoliberal de la cabeza a los pies, un defensor a ultranza del uso de la fuerza bruta, la represión y las dictaduras del continente. Para que se entienda un poco más su posición, en una de sus últimas presentaciones parafraseó a Santos con la célebre frase del mercado hasta donde sea posible, el Estado donde sea necesario. Además, el hombre está muy bien aconsejado, no olvidemos que Steve Bannon, asesor de la campaña de Trump, también lo está guiando, por eso cualquier coincidencia con otro caso de la realidad no es casual, y aunque hay marcadas diferencias entre un país y otro, Bolsonaro tiene el mismo discurso segmentado para sectores específicos de la sociedad que llevó al magnate inmobiliario a la Casa Blanca.

Puede que a Jair lo repudien cerca de 50 millones de sus nacionales, nadie lo duda, sin embargo, no todos salieron a votar y ese será el principal reto de la izquierda de cara a la segunda vuelta, sacar a su gente de las casas. El Trump brasileño venció en esta vuelta gracias a la muy bien llamada y siempre peligrosa derecha silenciosa.

No soy de los más optimistas con Haddad, me cuesta trabajo pensar que la derecha votará a favor del PT, el mismo partido que durante sus años en el gobierno afectó más que nadie a sus propios intereses, además está más que demostrado que en esos procesos la izquierda pasa muchísimo trabajo para hacer pactos mientras los conservadores se unen prácticamente por convicción. A favor de Fernando está la razón y unos días más de campaña.

Como dato adicional, si el PT se impone el próximo 28 de octubre tendrá que gobernar, otra vez, con un senado para nada favorable, no tanto así en la cámara de representantes donde hasta ahora va comandando con 56 curules.

De ganar Haddad sería un vuelco importantísimo en la correlación de fuerzas de la región. Razón tenía Lula en una de sus últimas misivas desde Curitiva, Brasil necesita de su pueblo, y es que solo ellos pueden evitar, con sus votos, que la crisis sea mayor en el gigante suramericano. Solo los brasileños tienen en sus manos escoger entre la democracia y la barbarie.