CAMAGÜEY.- Agroazucareros de Camagüey perfilan los detalles básicos en las fábricas de azúcar y los escenarios de cosecha  para, además de  cumplir con el plan del crudo, producir derivados de la caña, autoabastecerse de electricidad y sincronizar megawatt al  Sistema Electroenergético Nacional (SEN).

Empezar la zafra chica en noviembre por los ingenios Argentina y Siboney, y en diciembre tener en operaciones las seis industrias que elaborarán  el crudo total, significa el primer desafío  a vencer frente al completamiento de la fuerza técnica necesaria en casi todos los centrales de la provincia y la pendiente llegada de algunos recursos vitales, sobre todo en la maquinaria agrícola.

La arrancada temprana sin tropiezos fabriles es la clave del éxito. Caña, más de dos millones de toneladas tienen que cortar y enviar a los  basculadores los pelotones mecanizados, para lo cual tampoco puede fallar la imprescindible coordinación de las cosechadoras, vasijas llenas y los medios del transporte organizados hasta tanto se cumpla  la entrega diaria.

La siega de caña desde el amanecer y de noche, si fuera necesario para mantener la estabilidad de molida en los centrales, precisa primero de unas reparaciones de calidad probadas antes del pitazo inicial. Así la maquinaria de corte no se rompe al entrar al cañaveral ni la primera materia prima paraliza molinos por un alto el índice de materias extrañas que se detectan por el despalillo en la industria (autopsia del problema) y no en  los campos donde se llenan los camiones, carretas u otros medios de tiro.

El elevado porcentaje de caña quedada directa al basculador y el reciente anuncio de la escasez de hormonales y otros químicos para combatir el bejuco, no pueden convertirse en justificaciones para la entrada de tantos “obstáculos”  que no producen azúcar; de  la exigencia agroindustrial dependerán los rendimientos fabriles, la estabilidad de las molidas y la calidad de las producciones.

No solo 192 310 toneladas de azúcar se proponen los camagüeyanos, aspiran a que el Argentina produzca también refino blanco, como la “Ignacio Agramonte”, ambas de Florida, y glucosa y fructuosa para la producción de 1 000 toneladas de sorbitol; y que los restantes centrales Brasil, Batalla de las Guásimas, Panamá y el “Carlos Manuel de Céspedes”, también generen electricidad propia y produzcan miel, urea, bagacillo y otros derivados para la alimentación animal.

El reto parece grande y lo es, pero las reserva humanas y tecnológicas de la cosecha y fábricas de azúcar en Camagüey son superiores y alcanzables, si se capacita la fuerza calificada con antelación en los trajines de las reparaciones, las pruebas pre-arrancada... y la zafra comienza temprano bajo el control diario. Si ello se logra desde el primer día,  la “discreta” norma potencial y los planes productivos  anunciados pueden quedar chiquitos.