CAMAGÜEY.- Este Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) no solo es un cambia casaca, atendiendo a su anterior condición de militante izquierdista, sino que es de los políticos que cuando las cosas no lo salen bien comienzan con el “cantinfleo” de donde dijo diego quiso decir lo contrario.

Su impopular y servil convocatoria siguiendo la cuerda de su patrocinador estadounidense de lanzar una intervención militar contra Venezuela, no encontró en la región latinoamericana y caribeña el eco que esperaba y no le quedó otra justificación que afirmar que sus palabras fueron tergiversadas, y que lo de la acción militar solo lo había mencionado como una opción en el camino de  llevar la democracia a los venezolanos secuestrada por la revolución bolivariana.

Esta vez ni siquiera el llamado “grupo de Lima”, países que en otras ocasiones se han plegado a sus mociones de censura y pedidos de sanciones contra el gobierno de Nicolás Maduro dentro de la OEA, le siguió los pasos, por lo que prácticamente se quedó solo junto a su patrón.

Me imagino que, sensatamente, el grupo valoró las incalculables consecuencias que traería para la región una intervención militar “consensuada” por la OEA y bajo la dirección de los Estados Unidos, y es por ello que después de las declaraciones de Almagro se apresuró a “expresar su preocupación y rechazo ante cualquier curso de acción o declaración que implique una intervención militar o el ejercicio de la violencia, la amenaza o el uso de la fuerza en Venezuela”.

Desde luego que este traspié del secretario general de la OEA en modo alguno significa que las intenciones de intervenir militarmente en Venezuela hayan desaparecido de la agenda de la organización y mucho menos de la del gobierno de los Estados Unidos y la oposición derechista interna, como lo demuestra la brutal campaña montada con el aporte de las trasnacionales de la información acerca de la “crisis humanitaria” que está viviendo el país chavista como consecuencia del “éxodo masivo” de su población por las terribles condiciones en que está viviendo bajo la Revolución.

Recientemente, el presidente Nicolás Maduro, al informar sobre los resultados de su fructífera visita a China en la cual logró firmar ventajosos convenios con las autoridades del gigante asiático, y respondiendo a preguntas de la prensa extranjera, detalló las conspiraciones en marcha para realizar un golpe de estado con la participación de ex militares y algunos de ellos en activo y la complicidad de sectores colombianos y miamenses.

Maduro indicó que algunos de estos intentos habían sido puestos al descubierto y detenidos sus participantes, mientras, de otros planes golpistas, uno de ellos para producirse en el mes de octubre, han sido identificados parte de sus organizadores y la inteligencia militar trabaja para abortarlo.

En cuanto a Almagro, el Partido Comunista de Uruguay está reclamando al Frente Amplio, organización de izquierda donde este militó cuando fue canciller del gobierno de José Mujica, que el mismo sea expulsado de dicho Frente por su “servilismo e irresponsabilidad” al pedir una acción agresiva contra Venezuela en violación de los principios históricos de la política Internacional del Frente Amplio.