CAMAGÜEY.- Del primer día lo mejor es el júbilo, la adrenalina de levantarse con el tiempo exacto para alistar ropas, uniformes, peinados… y tomar las calles en algarabía de jabas de merienda, pañoletas, sayas azules y pantalones amarillos.

No importa si son de politécnico o de la universidad, no habrá un profesor que pueda impartir clases en medio de tantas historias de la playa, los campismos, los viajes a otras provincias, los novios, las fiestas…

Los continuantes regresarán con esa alegría que colma cuando vuelves a ver al amigo, (aunque seamos prácticos, en tiempos de celulares, WiFi y Facebook no hay cabida para mucha nostalgia), ese con el que compartes la mesa o se sienta pupitre al lado y más de una vez han intercambiado gomas de borrar, libros, apuntes y regaños. Ese, que después, dentro de varios años, estará también en el nacimiento de tu hijo y todos tus cumpleaños y días tristes, pues de las aulas también se va uno con familia.

Para los otros, los que dijeron en julio pasado adiós a sus escuelas y a sus maestros, será el expectante descubrimiento de nuevos rostros, lecciones, y caminos que lo lleven a su anhelado título de obrero, técnico-medio o universitario, ese papel que nos lanza a todos a la realidad de que no es meta sino comienzo.

Los maestros volverán al pizarrón, la tiza será ese polvo que habitará el aula durante otros diez meses, los laboratorios parecerán hervidero… las escuelas tendrán su mejor banda sonora: la risa y los pasos apurados de quienes aprenden.

Cierto es que no importa si el primer día de clases vas de la mano de tus padres (al tiempo que les haces un listado de razones para ir solo, porque ya eres grande), en bicicleta, en guagua atravesando media ciudad cuidando de no ensuciarte la bata blanca o de no estropear el plano que te desveló durante meses, siempre te dejará el sabor del primero de todos los primeros días de curso.

Incluso no importa cuántos años haga desde que saliste de la primaria o de la universidad, seguirá siendo una fiesta para ti ver a los peques rumbo a preescolar o al vecino que pidió todas las señas para llegar a la sede José Martí, y hasta sentirás envidia; porque septiembre huele a inicios, bien lo saben los más de 138 026 estudiantes que, a todos los niveles, despertarán un curso preparado para ellos.