CAMAGÜEY.- Hasta cierto punto parece lógico que la “gran prensa” de las transnacionales de la comunicación hayan prácticamente ignorado la celebración en La Habana del XXIV Encuentro Anual del Foro de Sao Paulo en el que participaron más de 400 delegados e invitados representando movimientos y organizaciones sociales de izquierda de América Latina y el Caribe, así como de otras partes del mundo.

Decía que resultaba lógico el silencio de los citados medios porque tanto los partidos de izquierda y los movimientos sociales y populares de la región convirtieron el Foro en un espacio donde, dentro de la diversidad de las voces e idiomas, el sentido de la necesidad de la unidad para hacer frente a la embestida de la derecha y el imperialismo prevaleció en todo momento.

Un especial asunto de reflexión lo constituyó la evocación del pensamiento integracionista del líder cubano Fidel Castro, quien no solo profesó un particular sentimiento internacionalista y unitario, sino que fue capaz de llevarlo a la práctica dentro de las fronteras latinoamericana y caribeña y más allá, como la lejana África, en las múltiples facetas de la solidaridad humana y la defensa de los principios de libertad, soberanía e independencia de los pueblos.

Este XXIV Foro dejó sentado que la concertación de las fuerzas de los partidos de izquierda y progresistas junto a los movimientos sociales y populares está en capacidad de dar la batalla para revertir el coyuntural avance de la derecha y las oligarquías nacionales que cuentan con el más decidido apoyo  del Gobierno de los Estados Unidos.

La moda de los golpes judiciales y parlamentarios bajo el antifaz de blandos o suaves, contemplados dentro de la estrategia del imperialismo para derrocar los gobiernos populares y eliminar de la vida política los líderes de izquierda y progresistas está en marcha y solo podrá detenerla una acción mancomunada de todas las fuerzas que desde las diferentes posiciones luchan por objetivos emancipadores y anticapitalistas para sus pueblos.

Cuba recibió por tercera vez la celebración de este evento en cuyo nacimiento tuvo papel protagónico el Comandante Fidel Castro y el líder brasileño Luiz Inácio Lula Da Silva quien víctima de una conjura parlamentaria y judicial de la derecha de su país, siguiendo instrucciones de Washington, guarda injusta prisión desde hace más de cien días en una estación policial de la ciudad de Curitiva, con la clara intención de impedirle aspirar a convertirse en presidente en las próximas elecciones del mes de octubre.

Fue relevante este Foro por la presencia de tres mandatarios del área, además del cubano Miguel Díaz-Canel y el secretario general del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, como Nicolás Maduro, quien al frente de Venezuela ha demostrado que no solo los chavistas han resistido a pie firme todos los embates de los gobiernos estadounidenses, incluida la guerra económica y la violencia de las guarimbas, sino que es posible pasar a la ofensiva como lo están haciendo, para consolidar el poder original del pueblo venezolano.

Maduro, en  una aplaudida intervención denunció la aplicación del mismo guión de la Casa Blanca usado contra su país, ahora utilizándolo en Nicaragua, provocando un río de sangre y destrucción en esa nación con el fin de derrocar el Gobierno sandinista del Comandante Daniel Ortega y Rosario Murillo, afirmando que también aquí serán derrotados.

No menos alentadoras fueron la presencia del mandatario boliviano Evo Morales, nación plurinacional para la cual el foro demandó una salida al mar, y el salvadoreño Salvador Sánchez Cerén, actual presidente pro tempore de la CELAC, quienes también son objeto de las conspiraciones de la derecha y las oligarquías de sus respectivos países y que no obstante ello, mantienen sus posiciones antiimperialistas y continúan combatiendo por alcanzar el bienestar de sus pueblos.

El foro advirtió a lo gobiernos progresistas y de izquierda que no basta con alcanzar logros que beneficien al pueblo sino que también es necesario crear conciencia de que esos avances hay que defenderlos frente a la derecha que no cesa en tratar de restaurar el neoliberalismo, allí donde ha sido sacado del poder.

No escapó a la crítica y condena por parte de los asistentes al plenario el papel injerencista de la Organización de Estados Americanos (OEA) y la domesticada actuación de su secretario general, siempre al servicio de Washington.

Cuba, no solo se convirtió en una solícita organizadora del cónclave sino que una vez más ratificó su vocación integracionista y solidaria y su disposición a actuar en todos los frentes de la lucha antiimperialista de la región, sobre todo demostrando que con base a los principios, sin claudicaciones, y la unidad dentro de la diversidad, es posible alcanzar la victoria.