MOSCÚ.- La reunión del presidente ruso, Vladimir Putin, y su similar estadounidense, Donald Trump, despierta hoy un variopinto espectro de emociones y análisis sobre los posibles resultados y hasta su relación con el mundo real.

Desde la llegada de Trump a la Casa Blanca en enero de 2017, se especuló sobre su posible encuentro con Putin para tratar de retomar las deterioradas relaciones entre las dos superpotencias nucleares, en busca de garantías para la estabilidad estratégica.

Sin embargo, tanto por factores internos, en los que se vio enredado Trump desde un principio, con acusaciones por supuesta confabulación con el Kremlin para las elecciones presidenciales, como factores externos, esos vínculos más bien empeoraron.

Nadie en el Kremlin tuvo nunca la esperanza de unos nexos idílicos con una nación, cuya posición política de base es pretender imponer su hegemonía en el orbe.

Algunos especialistas consideran que el más visible resultado para Estados Unidos de su sostenida política antirrusa, sobre todo, en estos dos últimos años, es el nivel de cooperación y sincronización política y económica alcanzado por Moscú y Beijing.

Los expertos locales estiman que el acercamiento de Rusia y China es la peor pesadilla para Estados Unidos.

En medio de la confrontación, casi sin sentido, que libra Trump por imponer sus intereses nacionales por encima del resto de la comunidad internacional en la esfera económica, esa sincronización podría traer consecuencias indeseadas para Washington.

Sin embargo, la necesidad de que el Kremlin y la Casa Blanca busquen el diálogo, en lugar de la confrontación es un axioma necesario para reducir tensiones entre dos países, que con su arsenal pueden desaparecer el planeta en caso de confrontación.

Los intentos comenzaron casi desde que se conocieron los resultados de los comicios de noviembre de 2016 en Estados Unidos. Rusia apostó con mesura por dejar atrás la crispación en los nexos durante la administración del demócrata Barack Obama.

Así, en 2017 se intentó algo en Hamburgo, cuando el Grupo de los Veinte realizó su primera cumbre con un Trump mal visto en Europa, pues todos apostaban por Hillary Clinton. Luego fue en la ciudad vietnamita de Da Nang, en la cita cimera del Foro Asia-Pacífico.

Putin aprovechó cada momento para intercambiar con Trump y, aunque el Kremlin anunció que esos topes eran suficientes para abordar temas cruciales, la necesidad de una cumbre dedicada expresamente a los nexos bilaterales era necesaria.

Helsinki fue una de las ciudades donde el primer secretario del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, jugó en 1990 a la distensión con su archienemigo de la Guerra Fría, al reunirse allí con George Bush (padre).

Pero los resultados de ese relajamiento muscular de la URSS fueron su desaparición y control por Occidente de Rusia, hasta que en 2000 Putin decidió retomar la defensa de los intereses nacionales, lo que llevó a una nueva ruptura.

La reunión se desarrollará el 16 de julio, en una coyuntura interesante.

Rusia sale de un Mundial de Fútbol que echó abajo meses de campañas mediáticas en su contra, con una salida de tropas de Siria, en medio de los éxitos del ejército de ese país, mientras Ucrania apunta otro fracaso en una ofensiva contra Donbass.

Desde el otro lado del Atlántico, Trump enfrenta una convulsión interna con su política antiinmigrante y el continuado asedio del partido demócrata que no deja de acusarlo de confabularse con Rusia para ganar los comicios presidenciales.

A ello se agrega, las consecuencias de una guerra comercial desatada por la Casa Blanca contra Europa, China y el resto del mundo, quizás con la errada convicción de que esa forma salva la producción nacional.

Todo ello tendrá espacio en las conversaciones de Putin y Trump en Helsinki. Se tratarán asuntos muy serios y difíciles, adelantó el vocero del Kremlin, Dmitri Peskov.

Dos de los temas cruciales de la agenda de la cumbre, al menos en el plano internacional, serán, sin dudas, Siria y Ucrania, pero también se espera que en ello se incluya el acuerdo en torno al programa nuclear iraní y el diferendo en la península coreana.

El tema de la supuesta injerencia rusa en los asuntos internos de Estados Unidos y la política de Washington de aplicar sanciones unilaterales a Rusia figurará en la plática, como adelantó aquí el consejero de seguridad nacional norteamericano, John Bolton.

De acuerdo con el Kremlin, en la capital finlandesa habrá un encuentro privado, otro a nivel de delegaciones, una conferencia de prensa y se adoptará una declaración conjunta. Pero más allá del protocolo, son muchos los asuntos que será necesario limar.