CAMAGÜEY.- Como para recordarnos que seguimos en su agenda, el presidente Donald Trump durante el discurso a la nación al cumplirse el primer año de su mandato, hizo referencia en solo unas líneas a las “dictaduras” de Cuba y Venezuela a las que su Gobierno ha impuesto duras sanciones.

En una extensa intervención de una hora y veinte minutos, espacio en que cada 60 segundos mencionó en varias ocasiones a los Estados Unidos y estadounidenses, con su acostumbrada retórica de “América primero”, entre medias verdades, contundentes mentiras y un lenguaje demagógicamente apologético para sus conciudadanos y triunfalista para las supuestas realizaciones de su Administración, transcurrieron las palabras del ocupante de la Casa Blanca en medio de un auditorio republicano o afín, que aplaudía cada frase, con excepción de los demócratas y algunos otros invitados.

Con datos evidentemente manipulados en alguna medida se ufanó por demostrar las bonanzas de su Administración, con millones de nuevos empleos, regreso de fábricas desde el exterior, subida de los salarios, rebaja de impuestos para la clase media y los trabajadores, beneficios que según él alcanzan también a los afroamericanos e inmigrantes.

“No hay pueblo en la tierra más valiente, audaz y decidido, como el estadounidense”, concepto que repitió decenas de veces y que apuntaló con la presencia en el auditorio de personas que en determinadas circunstancias habían realizado actos meritorios y que él los presentó como ejemplo de lo que afirmaba, no con el ánimo de reconocerlos, sino evidentemente con la intención de respaldar su egocentrista manera de pensar.

A los inmigrantes les prometió “ayuda”, pero los acusó de competir con sus bajos salarios con los estadounidenses más pobres y de causar la pérdida de vidas de inocentes y anunció los “cuatro pilares” para resolver la problemática de la inmigración, incluida la deportación de los 700 000 jóvenes que llegaron a Estados Unidos siendo niños, mediante leyes que envió al Congreso, al cual pidió su aprobación.

La necesidad de “nuevos enemigos” para justificar la petición al Congreso de sumas elevadas para el desarrollo de la carrera armamentista la cubrió mencionando a regímenes “díscolos” y rivales como Rusia y China, a los que consideró como un desafío a “nuestros intereses, nuestra economía y nuestros valores”, por lo cual es necesario construir una fuerza sin par como medio más seguro para defendernos.

Ahora, cuando de verdad le puso la “tapa al pomo”, como decimos en buen criollo los cubanos, fue cuando Trump, al ejemplificar la lucha de los Estados Unidos contra el terrorismo y el Estado Islámico (EI), atribuyó a la ineficaz coalición occidental que su país lidera, la derrota de Al Qaeda al liberar el 100 % de los territorios ocupados en Iraq y Siria, ignorando olímpicamente la decisiva contribución de Rusia y otras naciones del área, que junto a las Fuerzas Armadas de ambos países fueron los que expulsaron realmente de esos territorios a los terroristas.

Como insulto no solo a los cubanos, sino a la conciencia humanista del universo, confirmó el propósito de mantener la prisión en la base naval de Guantánamo, territorio usurpado a Cuba, a la cual podría enviar a los detenidos en todo el mundo por supuestos actos terroristas, como ya ocurrió una vez, y mantenerlos en un limbo jurídico sin derecho a juicio, como ocurre en la actualidad con una veintena de ellos que aún permanecen encarcelados aquí.

A su prédica belicista no escapó la República Democrática de Corea, a cuyo régimen acusó de “depravado” y al que prometió un duro castigo si persistía en su programa nuclear, lenguaje utilizado idénticamente contra Irán, al que anunció que trataría de que el Congreso estadounidense revertiera los acuerdos logrados con esta nación, bajo la invención de que estos son violados por los iraníes.

A los que votaron en la ONU contra su decisión de reconocer a Jerusalén como capital de Israel y el anuncio del traslado de la embajada de los Estados Unidos hacia allí, les recordó que los millones de dólares que se envían a esos países pudieran ser suspendidos si no responden a los intereses del Gobierno norteamericano.

De Afganistán apuntó que no piensan irse para “proteger” a ese pueblo de los talibanes, con los cuales se niega a negociar porque asesinan a sus propios conciudadanos, desconociendo los miles de civiles muertos que sus bombardeos selectivos han ocasionado a los nacionales de ese país.

Para la réplica del discurso de Trump los demócratas seleccionaron a Joe Kennedy III, representante a la Cámara Baja y último de esa dinastía, quien entre otras cosas le reprochó su política antiinmigrante, la intención de echar abajo el seguro de salud Obamacare y le pronosticó “que los matones nunca ganan”.