CAMAGÜEY.- Aunque no con la inmediatez del momento en que se produjeron los acontecimientos durante la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba para su noveno mandato, sí me siento obligado profesionalmente a ofrecer a los internautas de Adelante digital, las emociones que me embargaron en los instantes en que la generación histórica cubana entregó la antorcha del Estado y el Gobierno a la generación continuadora de la obra de la Revolución, que ellos habían comenzado al calor del centenario del Héroe Nacional José Martí.

Confieso que para los que ya teníamos uso de razón al producirse el triunfo del 1ro. de Enero de 1959 sobre la tiranía batistiana que oprimía el país, y después hemos convivido casi 60 años con la presencia de Fidel y Raúl en los momentos cotidianos y en los más trascendentales de la vida nacional e internacional, no pudimos evitar, por lo menos yo, cierta nostalgia al asistir al traspaso del timón estatal y gubernamental al relevo natural y orgánico que correspondía, por lo cual pienso que quizá por la fuerza de la costumbre experimenté, sentimentalmente, que algo me iba a faltar a partir de ahora.

En modo alguno quiere esto decir que el traspaso de los que iniciaron y consolidaron nuestro proceso emancipador a los jóvenes que deben proseguirlo en esta etapa crucial de la vida nacional no cuente con la más absoluta confianza y el apoyo de la inmensa mayoría de los cubanos, porque como dijo Raúl Castro, están preparados para llevarlo hacia delante, y dentro de sus virtudes tienen la fidelidad más firme a las ideas que sustenta y defiende el Partido Comunista y los protagonistas de la sociedad socialista que estamos construyendo.

El abrazo entre Raúl, guerrillero y estadista, y Miguel Díaz-Canel Bermúdez, el nuevo presidente de la República de Cuba, no fue de simple cumplido, expresó el más sincero cariño y respeto entre las generaciones que marchan estrechamente unidas forjando el presente y el futuro de la Patria, fue la entrega de padre a hijo de extraordinaria responsabilidad que sabe cumplirá aun a costa de los más grandes sacrificios y con entera lealtad al pueblo.

Si alguien debió intranquilizarse ante las interrogantes generadas por la constitución de la Asamblea Nacional del Poder Popular en su novena Legislatura, no fuimos precisamente los cubanos, ni nuestros amigos, ni los que se han sentido alentados e inspirados en la región latinoamericana y caribeña por las realizaciones de la Revolución, sino aquellos que apostaban equívocamente por el fin del socialismo sin los “Castros” al frente del Estado y el Gobierno y lo que les ha resultado es que ahora ese socialismo tiene el vigor, la fuerza creadora y la pasión juvenil de los que nacieron y se forjaron a la cobija de las ideas de nuestro líder histórico Fidel Castro.

Los que renuevan sus sueños de dominación colonial del archipiélago blandiendo la arcaica doctrina Monroe olvidan que en estas seis décadas el pueblo cubano ha dado incontables muestras de su capacidad de resistencia, de la voluntad de franquear cuantas dificultades y obstáculos internos y externos se interpongan en el camino de alcanzar una sociedad más justa para el disfrute de la independencia y soberanía que tantos esfuerzos y entrega nos han costado conquistar.

Antes de hacerse vanas ilusiones, debieron percatarse de la significativa fecha escogida para constituir la Asamblea, el 19 de abril, histórico momento en que se cumplían 57 años de la primera derrota del imperialismo norteamericano en América Latina, cuyo desembarco de mercenarios armados, organizados y financiados por el Gobierno de los Estados Unidos por Playa Girón, fue aplastado en menos de 72 horas por el pueblo cubano, nuestro Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales.

Con orgullo podemos presentar las conclusiones de los comicios generales que acabamos de celebrar sin una mancha desde que los vecinos del barrio nominaron sus candidatos a la Asamblea Municipal y después votaron en las urnas por los integrantes de las asambleas provinciales y los diputados al máximo órgano del Estado, quienes a su vez eligieron a Miguel Díaz-Canel como nuestro nuevo presidente, a sus vicepresidentes, el Consejo de Estado, la dirección de la Asamblea Nacional, todos los cuales cuentan con el más decidido respaldo del Partido Comunista de Cuba y de la mayoría de los cubanos para la ejecución de su responsabilidad durante los próximos cinco años que dura su mandato.

Transcurrida esta histórica jornada, los objetivos de construir un socialismo próspero y sostenible en esta Patria latinoamericana y caribeña cobran mayor fuerza, no solo para disfrute de los cubanos, sino para que sus realizaciones también contribuyan a desbrozar el camino de los hermanos de la región, que seguramente nos acompañarán en esta gesta por nuestra completa soberanía e independencia.