CAMAGÜEY.- Ellos nos protegen desde la penumbra, desde el anonimato de un seudónimo, dentro o fuera de Cuba, siempre con la mira puesta en el Gigante de las Siete Leguas o en cualquiera que pretenda poner en peligro la seguridad de los suyos. No, no cumplen 59 años solamente; ellos se saben herederos de aquellos mambises que sin mucha preparación, y con la ayuda de Ana Betancourt de Mora, Ignacio Mora y Salvador Cisneros, crearon un incipiente cuerpo de inteligencia para la búsqueda de información sobre los movimientos enemigos.

Poco después, Martí, que vivió el monstruo y le conoció sus entrañas, convertido en D-20, Anahuac, D.E. Mantell y Abel también frustró las intenciones de hacer fracasar su proyecto con lo que él llamaba contraespionaje, y en su testamento político nos legó que “hay cosas que para lograrlas han de andar ocultas”.

Conocedor de toda esa tradición, todavía en la Sierra Maestra, Fidel fue el primero en entender que el Ejército Rebelde necesitaba de acciones de inteligencia y de contrainteligencia. Apenas tres meses después del enero luminoso de 1959, nacía con luz propia el entonces G-2, hoy Departamento de la Seguridad del Estado.

Desde allá hasta acá muchas han sido las misiones, conscientes de que sobre sus hombros descansa la tranquilidad de todo un pueblo. Para ellos, muchos muy jóvenes y otros no tan chicos ya, no existe hora ni día de la semana que no estén dispuestos a enfrentar una acción del enemigo.

Sacrificio, entrega y pasión son palabras que para ellos el diccionario no las define en toda su extensión. Ricardo es uno de esos valientes jóvenes que siempre soñó ser un soldado de la Revolución, para él no hay tarea más importante que frustrar los planes de quienes, ahora con énfasis en la ideología, pretenden derribar nuestro proyecto de nación.

“Era una deuda que tenía con mi familia, ya llevo diez años en el Minint y en todo este tiempo incontables son las veces que llegamos a casa a las doce o a la una de la madrugada, sin embargo lo que más reconforta es saber que estás cumpliendo el deber, que estás defendiendo un legado”, dijo.

José Manuel es otro joven oficial de los Órganos de la Seguridad del Estado, y uno de los condecorados hoy con la orden al Servicio Distinguido. El resaltó que su labor la hace por principios y no para obtener un reconocimiento, “pues muchas de nuestras acciones son desde el anonimato, a veces teniendo como mejor aliada la oscuridad de la noche, por eso es tan importante estar conscientes del rol que cada uno juega para cumplir con Fidel y no claudicar”, explicó.

Ricardo y José Manuel bien pudieran llamarse también Katy, Vilma, Orlando, Rafael, Félix... todo un pueblo que se sabe protegido por un órgano que surgió para dar luz, para defender un proyecto de país, una alternativa, y ser fiel a una herencia, ese que nos guió en 1868, nos condujo a la victoria de 1959, y hoy nos dice a todos que no podemos cegar en el empeño de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que “los Estados Unidos caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de Américas”.