CAMAGÜEY.- Caminar por esta ciudad de calles y callejones que de repente asoman a nuestro paso, es, a veces, no tan agradable. Digamos que el placer de desandarla va perdiendo, cada vez más, su encanto.

Puede suceder que de camino al trabajo —cuando vas pensando en los asuntos de la cotidianidad—, respires de pronto algún mal olor proveniente de cualquier esquina, incluso cuando transitas por alguna de las arterias del Centro Histórico.

Tampoco resulta extraño que debas abandonar la acera a ratos porque te encuentras un hueco a falta de la tapa de un tragante, desniveles, intersecciones convertidas en basureros, hierba recién cortada y no recogida porque esa última tarea le corresponde a otra brigada, y así, no alcanzarían las comas para separar la enumeración de tantísimas situaciones que, lamentablemente, continúan “creciendo” en una urbe con “fama” de pulcritud.

No son pocas las quejas que en torno a estos asuntos llegan cada semana a Catauro, la sección donde el Adelante impreso da acuse de recibo a las cartas de nuestros lectores. Allí se reciben comunicaciones referidas a salideros de aguas albañales, mal estado de los viales —en algunos de los cuales existen peligrosos baches “históricos”—, edificaciones en críticas condiciones, tanques de basura desbordados y paredes en peligro de derrumbe, por solo mencionar algunas.

Foto: Leandro Pérez Pérez/ Adelante/ ArchivoFoto: Leandro Pérez Pérez/ Adelante/ Archivo

Foto:Orlando Durán Hernández/ Adelante/ ArchivoFoto:Orlando Durán Hernández/ Adelante/ Archivo

La Ciudad de los Tinajones, como seguramente ocurre con otras en Cuba, avanza en el proceso de ruralización. Podría usted pensar que el término es un invento, y no, no lo es. “Lo rural es lo opuesto a lo urbano”, señala categóricamente Wilfredo Rodríguez, reconocido arquitecto camagüeyano.

El concepto surge para nombrar la adopción de prácticas y costumbres rurales en un entorno urbano, según aclara el portal digital definición.de. Para ampliar el tema puede acudirse también al estudio La construcción social de lo rural, publicado en la Revista Latinoamericana de Metodología de la Investigación Social.

Los investigadores María Teresa Matijasevic y Alexander Ruiz —autores del artículo— plantean que aun cuando se cuestione su dicotomía, todavía se conserva “la visión de rural como diferente a urbano, bien sea por su aislamiento o por su mayor relación con la agricultura”. De igual manera, esa relación conduce a un correlato entre el atraso y el progreso, argumenta la citada investigación.Lo cierto es que más allá de indagaciones que avalan desde la ciencia las cuestiones referentes a la ruralización, en esta ciudad deben ser urgentes las acciones para frenar el camino hacia ella.

“El urbanismo es un tema que se trata poco, y cuando se hace, solemos hablar de los edificios, de la arquitectura, de los hoteles, y nos olvidamos de ese tópico. Una ciudad, de repente, puede comenzar a convertirse en campo por el mal trato que se le dé”, explica Wilfredo a sus alumnos de la Universidad mientras les muestra fotografías.

“La ciudad no es solamente el Centro Histórico —que a veces no sabemos los valores que tiene, como en el nuestro, con sus más de 600 casas Art Decó—; en la ciudad también hay otras cosas importantes: la Plaza de la Revolución, los repartos proyectados en los años setenta del pasado siglo, porque la ciudad también comprende a los barrios alejados de ese Centro”, continúa.

En su lección, el especialista se refiere al acentuado deterioro de la imagen urbanística en Camagüey, y detalla las diferencias entre los códigos de la ciudad y los de los ambientes campestres.

Preocupante resulta, en verdad, el veloz aumento de la ruralización. Convoquémonos todos, organismos y ciudadanos, todos somos responsables, atendamos a las alarmas; la ciudad pide escandalosamente ser cuidada. Actuemos en consecuencia para alejarnos de la ciudad que no queremos.

Foto: Otilio Rivero Delgado/ Adelante/ ArchivoFoto: Otilio Rivero Delgado/ Adelante/ Archivo

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