CAMAGÜEY-. Dice el refrán que segundas partes nunca fueron buenas y parece que el Gobierno norteamericano no ha aprendido la lección que encierra esta sabiduría popular, como parece que tampoco la de que solo los seres irracionales chocan dos veces con la misma piedra, porque ahora ellos están a punto de estrellarse con el mismo fracaso que les tocó hace un par de años en Panamá.

Y no son pocos los que piensan de esta manera después de conocer que varios países latinoamericanos (entre ellos Brasil, Argentina y Perú), concertados en el llamado Grupo de Lima pretenden prohibirle al Presidente venezolano Nicolás Maduro Moro asistir a la VIII Cumbre de las Américas, a celebrarse en la capital peruana durante los días 13 y 14 de abril próximo.

No es ocioso recordar que la misma fórmula se le aplicó a Cuba durante algunos de esos eventos pretendiendo ignorar el derecho que nos asistía como parte de esta región latinoamericana, y que hicimos valer con la presencia del Presidente cubano Raúl Castro en la VII Cumbre celebrada en Panamá, contando con el apoyo de numerosos países encabezados por Venezuela, precisamente con Hugo Chávez al frente.

En aquella ocasión el pretexto era la socorrida falta de democracia en la Isla, sello que pretenden acuñarle ahora a Venezuela para igualmente privarla de su derecho a la participación en la reunión para expresar sus verdades.

Desde luego que muchos difieren del manipulado concepto de “democracia” sostenido por las sucesivas administraciones estadounidenses a la hora de calificar este ejercicio en otras naciones que no son de su agrado, porque nada tiene que ver con el verdadero sentido del término que no es otro que expresar la voluntad soberana del pueblo.

Y qué otra cosa ha hecho la Revolución Bolivariana que observar ética y soberanamente la voluntad de los venezolanos ratificada en sucesivas contiendas electorales en las que mayoritariamente ha declarado su adhesión al Gobierno de Nicolás Maduro, primero durante la vuelta al poder originario con la elección de los integrantes de la Asamblea Nacional Constituyente, después con la de los gobernadores y a posteriori con la de los alcaldes, sufragios en los que el chavismo resultó ampliamente vencedor.

Y como si todo ello fuera poco, ahora está en marcha el proceso eleccionario de las presidenciales, donde toman parte 12 candidatos de los diferentes partidos y agrupaciones, a celebrarse el 22 del próximo mes de abril, por cierto fecha propuesta por la oposición durante las conversaciones sostenidas con el Gobierno Bolivariano en República Dominicana en las que finalmente se llegó a acuerdos sobre diferentes temas para lograr un clima de convivencia democrática y de paz en el país, y que coincidentemente con la visita de Rex Tillerson, el secretario de Estado norteamericano por América Latina, se negaron a firmar cuando ya lo había rubricado la delegación chavista.

Parejamente con la decisión de los países subordinados a Estados Unidos que acordaron en Lima la expulsión de Venezuela de la Cumbre de las Américas, el coro de los que abogan por una intervención militar en la nación bolivariana se ha hecho más agresivo con las declaraciones del Secretario de Estado Adjunto en funciones para los asuntos del Hemisferio Occidental, Francisco Palmiere, quien ratificó las intenciones de poner fin al Gobierno del presidente Nicolás Maduro, por parte de las autoridades estadounidenses, concierto en el que no podía faltar la voz del senador furibundo enemigo de Cuba y Venezuela, Marco Rubio, el cual se pronunció a favor de un golpe de Estado de las Fuerzas Armadas bolivarianas contra el Gobierno Institucional.

Ante esta situación y la intención de resucitar en el continente la anacrónica e intervencionista política de la Doctrina Monroe, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba ha ratificado su más firme solidaridad con el Gobierno venezolano y su total rechazo a la exclusión de Nicolás Maduro de la Cumbre de las Américas, como pretenden sus organizadores, mientras el Mandatario chavista ha expresado que “llueva, truene o relampaguée”, asistirá al cónclave, por derecho propio.