CAMAGÜEY.- Relatan los historiadores que el cañonazo del crucero Aurora, señal para que el pueblo ruso, compuesto por obreros, soldados y campesinos asaltara el Palacio de Invierno donde se refugiaba Kerensky, el dirigente del gobierno provisional que sucedió al derrocamiento del Zar Nicolás II, llegó a Cuba con bastante retardo, dados los escasos medios de comunicación de aquella época.

Los ecos de la Gran Revolución de Octubre, acaecida el 7 de ese mes de 1917, por ajuste en el calendario Gregoriano, cuando se escucharon aquí recibieron el repudio de las autoridades de turno, ordenado por el Gobierno norteamericano, al considerar la dictadura del proletariado que se instalaba a partir de esa fecha, un peligroso enemigo para el capitalismo que representaban.

No obstante ello, en fecha tan temprana como agosto de 1925, Carlos Baliño y Julio Antonio Mella Vladimir Ilich Leninfundaron en Cuba el primer Partido Comunista que fue a lo largo de toda la República promotor de las ideas marxistas-leninistas que nacieron con la Gran Revolución de Octubre.

La Rusia zarista, salida de la Primera Guerra Mundial de 1914 muy maltrecha, se encontraba como consecuencia de ello en sus peores momentos, con un pueblo hambreado, un campesinado que había abandonado las tierras para refugiarse en las grandes ciudades, producto de la conflagración, y era el eslabón más débil de la cadena de potencias coloniales de esa época.

Aunque el centenario de este proceso que conmocionó al mundo ha sido ignorado por las transnacionales de la información, nadie puede negar que las consecuencias de aquel suceso, que por primera vez instauro el poder popular como sistema de gobierno, repercute aún en nuestros días y es la única opción válida ante un capitalismo cada vez más voraz que pretende engullir no solo las riquezas de todas las naciones para satisfacer sus banales y lujosos apetitos, sino también la mente y la conciencia de los pueblos para mantenerlos sojuzgados y explotados.

Desarrollando creadoramente por primera vez en la práctica la teoría marxista, Vladimir Ilich Lenin, genial conductor de la Revolución triunfante, fue el que volcó todo el poder para los soviet , a pesar de la conspiración de las potencias occidentales encabezadas por los Estados Unidos de América para destruirla en 1918, decisión que permitió convertirse a la Unión Soviética en una poderosa nación que equilibró el mundo hasta su lamentable derrumbe, torpedeada principalmente por los errores en su conducción y consolidación en el camino hacia el comunismo.

No hay que olvidar que la URSS tradujo los efectos de la Revolución de Octubre en incontables beneficios para su pueblo, como la salud, la educación, el derecho al trabajo al alcance de todos, que repartió la tierra, encabezó la carrera espacial y obtuvo importantes logros en el desarrollo industrial, agrícola, técnico y tecnológico del país.

Fue el pueblo soviético con su heroísmo el factor fundamental en la derrota del fascismo nazi durante la Segunda Guerra Mundial, a un costo de más de 26 millones de víctimas fatales, cuando las potencias supuestamente aliadas, lideradas por los Estados Unidos, se deshacían en remilgos con la aspiración de que la demora en abrir nuevos frentes de combate contra el eje Berlín-Tokio permitieran que la URSS fuera derrotada.

Decenas de naciones pudieran dar fe de su vocación internacionalista y dentro de ellas Cuba, cuyo triunfo revolucionario no hubiera sido posible frente a la política agresiva de los sucesivos gobiernos de los Estados Unidos si no hubiera contado con su apoyo y colaboración desinteresada en los momentos más difíciles de nuestro proceso.

Pretender ignorar la existencia de los Diez días que conmovieron al mundo, como tituló el escritor norteamericano John Reed en su libro el desarrollo de aquella epopeya que significó para el mundo la primera esperanza de que una vida mejor era posible para las grandes masas desposeídas, no solo es desconocer la existencia y evolución de la Historia, sino una malsana e interesada intención de privar a los pueblos de la validez del marxismo-leninismo como guía para alcanzar la plena liberación y el bienestar material y espiritual para todos los hombres como especie humana en cualquier latitud del universo.