CAMAGÜEY.- Cuba anda de elecciones. Por ella, los cubanos andamos de nominación. Aun en los sitios más golpeados por el huracán Irma, la gente renuncia a un rato de televisión, de charla o de descanso, y camina hasta el lugar del barrio donde los vecinos proponen a sus vecinos para gobernar.

¿Para gobernar?, pudiera preguntarse todavía alguien desinformado a pesar de la divulgación que acerca del sistema democrático cubano siempre traen aparejada las elecciones, a pesar de la Mesa Redonda, a pesar de los periódicos y la radio, a pesar de la aplicación móvil XCuba.

¿Para gobernar?, pudiera preguntarse todavía alguien desestimulado porque en su circunscripción no se ha resuelto algo que le plantearon al delegado, ese que luego de su jornada laboral recorre el barrio, escucha problemas, atiende personas, las representa en reuniones, gestiona materiales o respuestas, y al final, a pesar de todo, no siempre trae buenas noticias.

¿Para gobernar?, preguntan todavía los malintencionados (mercenarios muchos de ellos), que insisten en negar el carácter popular de nuestro gobierno basado realmente en las opiniones y la voluntad de cada ciudadano, pero al que solo le buscan fallas o malos ejemplos.

Pero no se quede usted con la duda. Para gobernar, sí, proponemos en estos días a quienes, en nuestra cuadra o en la siguiente, tengan mejores condiciones para representarnos, para en nuestro nombre hacer valer el poder del pueblo.

Lamentablemente, la conjugación de factores diversos ha hecho que se vilipendie o minimice la función de los delegados de circunscripción. Prevalece en ocasiones la visión, real, de que esa figura no reparte recursos ni resuelve por sí misma las dificultades cotidianas de sus electores, mientras se desconoce el hecho, también real, de que sí decide, desde su gestión y desde su actuación.

Se olvida, o no se dice siempre, su primera tarea: constituir la Asamblea Municipal del Poder Popular; se olvida, o no se dice siempre, que son esos mismos delegados, vecinos nuestros de a pie, quienes aprueban el presupuesto de cada demarcación; quienes deciden en qué se usa el 1 % de la contribución local para la solución de problemas territoriales; quienes piden cuentas a las entidades administrativas y las empresas por la producción y por la calidad de los servicios al pueblo; quienes eligen, y revocan, a las máximas autoridades gubernamentales que, en el caso de los municipios, son también líderes de una circunscripción.

Los presidentes de los Consejos Populares y la mitad de los integrantes de la Asamblea Provincial de Gobierno son también esos quienes hasta el 30 de octubre próximo se proponen en las calles camagüeyanas; y casi la mitad de los diputados al Parlamento cubano ostentarán la categoría de “simples” delegados de circunscripción. Ninguno estará allí de oyente; todos podrán opinar, refutar, votar…

Por eso no nominamos a cualquiera, sino al obrero, al profesional, al jubilado, al estudiante que más sienta por sus vecinos, que mejores ideas promueva, que mayores voluntades aúne.

Y por eso es tan importante asistir a la nominación; porque, más que el domingo 26 de noviembre cuando plasmemos con calidad nuestro voto a favor de alguno de los candidatos, es en la reunión de ahora mismo donde garantizamos que lleguen a la boleta camagüeyanos con preparación y con ganas de hacer por Camagüey, por Cuba.