CAMAGÜEY.-Si con sus bravuconadas el presidente norteamericano Donald Trump pretendió intimidar a la República Popular Democrática de Corea (RPDC), tremendo chasco se llevó porque muy lejos de ello, la respuesta de los coreanos fue contundente, en ella advierte que Estados Unidos debe parar su imprudente provocación militar para que la RPDC no se vea obligada a tomar una decisión militar inevitable, adelantando que examinan cuidadosamente la posibilidad de lanzar un ataque contra la isla de Guam, perteneciente a la nación norteamericana en el Pacífico, en la cual posee bases militares naval y aérea“

Esa “furia y fuego jamás vistos en el mundo” que prometió desencadenar contra el pueblo coreano si este no deja de amenazar a los Estados Unidos parece que le quedó grande a Trump, si tenemos en cuenta que inmediatamente, su secretario de Estado, Rex Tillerson, tuvo que sacarle las “castañas” del incendio que provocó, sobre todo entre los propios estadounidenses a quienes el Canciller aclaró que “el Presidente solo trató de enviar un mensaje fuerte y claro a Pyonyang para que no hubiera ningún error de cálculo” y que podían dormir “tranquilos” porque la opción militar no era inminente.

No satisfecho con el ataque de histeria bélico que lo condujo a pronunciar las incendiarias frases, el Presidente estadounidense en otras declaraciones hizo gala del poderío nuclear de su país, en el que se atribuyó supuestos méritos que el New York Times se encargó de desmentir, ya que cualquier mejora o modernización del armamento atómico no es cuestión de días, sino de años, y este solo lleva unos meses en la Casa Blanca.

Lo cierto es que si las tensiones se han agravado en la península coreana, mucho tiene que ver no únicamente las pruebas de cohetes intercontinentales de la RPDC, sino muy mucho las amenazas que significan las maniobras militares conjuntas de Estados Unidos y Corea del Sur en el espacio aéreo de esta nación asiática, en la que participan los bombarderos B-1B Lancer que pueden portar ojivas nucleares.

Se añade a todo esto las recientes sanciones contra Corea del Norte aprobadas por unanimidad en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en las que se les prohíbe la exportación de carbón, plomo, hierro y mariscos, y se impide invertir o mantener relaciones comerciales con Pyonyang e imposibilita que se envíen trabajadores norcoreanos al extranjero, todo lo cual constituye un golpe demoledor a la economía de ese país si se observa al pie de la letra dicha resolución, que pudo no ser acordada.

Cierto que la escalada en las tensiones no solo preocupa al pueblo estadounidense, sino que internacionalmente hay preocupación por el rumbo que puede tomar la confrontación entre Estados Unidos y la RPDC cuyas amenazas de represalias son cada vez más peligrosas y que de consumarse por alguna de las partes, podrían conducir al estallido de una Tercera Guerra Mundial, que no se sabe qué consecuencias traería para la propia existencia humana en el planeta tierra.

Por ello, no son pocas las voces que se alzan llamando a la cordura, al diálogo y al entendimiento, incluso con propuestas concretas como la de la República Popular China que incluye el cese de los ensayos con misiles de Corea del Norte a cambio de que los Estados Unidos y Corea del Sur suspendan los ejercicios militares en la región.

Rusia, por su parte, apoya la propuesta china e insiste en que la opción militar no debe ser nunca contemplada como una variante de la crisis y pide calma a los Estados Unidos y evite movimientos que puedan provocar de la otra parte acciones que resultarían peligrosas.

El propio secretario de la ONU, Antonio Guterres, ha expresado su profunda preocupación por la tensión en la península coreana y por la intensificación de la retórica de confrontación entre las partes, preocupación que también comparte la opinión pública internacional que aspira se llegue a un entendimiento que evite un desenlace bélico de imprevisibles consecuencia para la humanidad.