ROMA, ITALIA.- En los niveles alarmantes de obesidad por inadecuados sistemas de nutrición, centró hoy la atención en la ceremonia por el Día Mundial de la Alimentación, realizada en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en esta capital.

En el discurso de apertura del acto mundial por la efeméride, el director general de la FAO, José Graziano da Silva, definió que el hambre es la peor de las manifestaciones de malnutrición que pueda enfrentar un individuo.

Precisó al respecto que la meta de hambre cero fijada por la ONU para el 2030 está orientada a que todas las personas tengan acceso a la alimentación, pero también significa hacerlo de forma nutritiva, apuesta a todos los nutrientes para una vida sana.

El hambre, dijo, no es el único problema que amenaza la existencia humana, sino también la anemia y la obesidad.

Sobre la primera apuntó que una de cada tres mujeres en edad fértil en el mundo son víctimas de baja hemoglobina, igual 151 millones de niños menores de cinco años tienen retraso en el crecimiento y más de 50 millones sufren de delgadez extrema con peligro inminente para sus vidas.

Sobre lo que denominó la globalización de la obesidad, el director general de la FAO apuntó que alrededor de 38 millones de niños menores de cinco años y más de dos mil millones de personas en el planeta tienen sobrepeso.

Un problema que está entronizado tanto en países de alta renta como en los en desarrollo y puso como ejemplo que ocho de los 20 países con mayores niveles de obesidad están en África.

Esa pandemia, apuntó, representa en servicios por problemas serios de salud que generan gastos equivalentes a casi el tres por ciento del Producto Interno Bruto mundial.

Señaló como causa fundamental del problema a los sistemas alimentarios inadecuados que no proporcionan los nutrientes fundamentales; de alimentos más baratos, pero nada nutritivos, más fáciles de preparar, pero no nutren, sentenció.

Para la FAO la obesidad debe considerarse un problema público, de toda la sociedad y no un asunto individual, añadió Da Silva quien apeló a generalizar el etiquetado de los alimentos y su certificación de inocuidad, además de promover la agricultura comunitaria y familiar para el consumo y venta de productos frescos, entre otros aspectos.

Llamó la atención igualmente sobre el tiempo que media para alcanzar el objetivo de Hambre Cero, fijado para el 2030, en medio de una retroceso de esa aspiración, y recordó que en Brasil, su país de origen, en 10 años el hambre bajó de un 11 a un dos por ciento, a partir de un programa apoyado por el gobierno del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Luego entonces sí se puede, necesitamos para lograrlo una voluntad política más fuerte y mayor apoyo, “lograr hambre cero para el 2030 sigue siendo posible su trabajamos juntos”, concluyó.